ASILO DE INMIGRANTES EN GUALEGUAYCHÚ

Autor: Hugo Daroca.
Publicado en: Diario "El Argentino" el día 00/00/0000.
Fecha de fundación. Sus primeras comisiones
Terminada la guerra en Entre Ríos y vuelto cada uno a su hogar, se comprobó que faltaba parte de la población y que los brazos o la mano de obra para los trabajos escaseaban. La solución pasó por los inmigrantes ─que a principios de 1871 habían comenzado a llegar a Gualeguaychú─ y con quienes se podía remediar ese faltante que impedía proyectos progresistas.

Antecedentes
Fue importante el número de inmigrantes que llegó a nuestro país a través del puerto de Buenos Aires durante 1870 y 1871. Parte de ellos fueron enviados a las provincias por la Comisión Central de Inmigraciones, creada por decreto del Presidente de la República en 1868, que ─facultada para ello─ nombró sucursales en las capitales provinciales, pero estas no funcionaron.
Los inmigrantes llegados a esta ciudad que no podían cubrir sus necesidades más primordiales, como vivienda y alimentos, despertaron la inmediata solidaridad de la comunidad que se preocupó por ellos a través de la asistencia privada. Pronto tomaron conciencia de que para cubrir estos requerimientos debían organizarse. Solo así podrían proporcionarles hospedaje, asilo y alimentos imprescindibles para quienes llegaban sin tener familiares, ni otros vínculos. Además de facilitarles asistencia, cuidados y la protección que requirieran hasta conseguirles trabajo y ubicación.

Primera Comisión de Inmigraciones.
Por el motivo comentado, en los primeros días de junio de 1872, los vecinos se autoconvocaron para reunirse con el único objeto de formar una Comisión Departamental de Inmigrantes.
Momentos después de abierta la sesión y luego de un cambio de ideas, quedó constituida la comisión y se cubrieron los cargos que integraron, como presidente, el Dr. Luis Felipe Faldella; vicepresidente, el Dr. Bernardo Ramón Goyri; tesorero, Miguel Zamora; secretario, don Narciso Gómez; vocales: Juan B. Zuburu, Jacobo Spangenberg y Manuel Magnasco. También se hizo un listado de quienes contribuirían en los gastos.
Se pusieron en contacto con la Comisión Central de Inmigración con sede en Buenos Aires, a la que se solicitó información e instrucciones para el mejor cometido de los fines perseguidos: ayudar y cuidar a los hombres de buena voluntad que llegaran a este departamento y establecer “una inmigración moral con hombres de trabajo que a su vez encontraran utilidad en establecerse aquí”.
Desde su fundación, la Comisión trabajó activamente; y los vecinos que se comprometieron a colaborar con la entidad, solventaron parte de los gastos. De esta manera empezaron con su encomiable trabajo.
Posteriormente, alquilaron una propiedad en la zona del puerto que sirviera de asilo a los inmigrantes, probablemente en la calle Real del Puerto, ubicada cerca del comercio del señor Ángel Rivas, lo que no hemos podido corroborar con alguna fuente histórica.
Durante 1873 continuaron llegando buques con inmigrantes a Buenos Aires, gran ciudad que ofrecía muchas posibilidades. Pero su número resultaba excesivo, mientras esta provincia, especialmente Gualeguaychú, sufría la falta de mano de obra.

Gualeguaychú se concientiza sobre el beneficio de la inmigración
En ese año se modificó la idea que sobre la inmigración tenía Gualeguaychú, y pasó a considerarse una propuesta progresista y eficaz para el adelanto de la ciudad y del país todo.
Advirtieron que con los inmigrantes se podía obtener la mano de obra que escaseaba. Supieron que cuanto mayor fuera el número de quienes se radicaran más prosperidad y riqueza se alcanzarían..
De acuerdo con los intereses de Gualeguaychú, un grupo de vecinos tomó la iniciativa de formar una sociedad para el logro de estos objetivos, seguros de que el porvenir de la ciudad estaba en la inmigración y de que resultaba beneficiosa porque en el anterior año (1872) comenzaron a edificarse numerosas viviendas. Algunas costosas y modernas.
Hubo conciencia de “los beneficios de la inmigración y de que el arribo de extranjeros traería la paz y el conocimiento. Todo esto llevó a estimular y a promover la inmigración.

Reunión preparatoria para constituir una asociación
Un grupo de hombres de Gualeguaychú, los señores Leopoldo Espinosa, Miguel V. Zamora, Juan Barañao, Sixto O. Neyra, Vicente Martínez Fontes tomaron la iniciativa de convocar a la ciudadanía a una reunión preparatoria, previa a otra de mayor relevancia en los salones de la Sociedad Recreo Argentino.
Abiertas las puertas de la entidad, vieron con gran beneplácito que eran secundados por una numerosa concurrencia que compartía el emprendimiento. En el acto se puso en conocimiento de los presentes el objeto de la reunión. Seguidamente se confeccionó una lista de los contribuyentes y del monto mensual que se obligaban a abonar para los gastos. Asimismo se procedió al nombramiento de una comisión provisoria, a la que se le encomendó que convocara nuevamente al pueblo a otra reunión –constitutiva–, que debería celebrarse a los tres días, en el Teatro 1° de Mayo, en la que se trataría de recolectar más fondos y de nombrar la comisión definitiva de la asociación.

Constitución de la Asociación
A las dos de la tarde del 1° de febrero de 1874, el Teatro estaba ocupado por una numerosa concurrencia. Momentos después quedaba constituida la sociedad denominada Asociación de Inmigración, cuya comisión directiva se integró de la forma siguiente: presidente: Dr. Vicente Martínez Fontes (juez de Primera Instancia del Departamento); secretario: don Sixto O. Neyra; y los señores Juan Barañao, Leopoldo Espinosa, Miguel Zamora, entre otros. La fecha 1° de febrero de 1874 se debe tomar como el día de la fundación de la Asociación de Inmigración, tal como lo manifestaran por escrito su Presidente y el Secretario, quienes expresaron que “a partir de este momento, es que data la existencia real de esta asociación que tanto empeño hace por la prosperidad del pueblo y de la república toda”.
Posteriormente, el Presidente de la Asociación se refirió a ella de la siguiente manera: “…la sociedad que bajo la denominación de ASOCIACIÓN DE INMIGRACIÓN existe en Gualeguaychú, debe su existencia a los esfuerzos del pueblo, encarna sus aspiraciones y descubre muy a las claras las ideas que tiene sobre el adelanto y desenvolvimiento de su población”. Agregó a continuación: …“así manifiesto la independencia de esta Asociación”.

 Una vez en funciones, la comisión directiva, con fecha 11 de febrero de 1874, dirigió notas al Gobierno Nacional y Provincial haciéndoles conocer su fundación y el fin perseguido, que no era otro que traer inmigrantes al departamento de Gualeguaychú y solicitar sus valiosas cooperaciones para un mejor logro de lo que la ciudad les había encomendado. De inmediato recibieron respuesta del Gobierno de la Nación, por intermedio del ministro del Interior, don Uladislao Frías, en nota fechada el 26 de febrero ─de la que se comentó que era bastante lisonjera─; en ella decía que el presidente don Domingo Faustino Sarmiento le había pedido transmitirles que “mira con mucha satisfacción el establecimiento de tan útil sociedad y que hará cuanto le sea posible para que se realicen las patrióticas miras que ella se ha propuesto”. Además, aplaudía la idea, se comprometía y ofrecía su valiosa cooperación, la que en parte se hizo efectiva al conceder pasajes gratis a los inmigrantes que se dirigieran a esta parte del rico territorio entrerriano.
En marzo, la comisión hizo saber al público en general “que se reciben los pedidos que se les quieran hacer para traer a los inmigrantes…”. Se abrió un registro para que quienes quisieran traer inmigrantes efectuaran sus pedidos, con aclaración de lo que necesitaran; y se indicó que precisaran si debían ser personas de oficio, pastores o agricultores. Los que requirieran gente de clase industrial debían hacerlo inmediatamente y dejarlo anotado en la Secretaría, porque estaba a punto de mandarse el pedido.
La idea repercutió favorablemente en Buenos Aires y mereció comentarios del primer magistrado don Domingo Faustino Sarmiento, quien tomó nota de los deseos de Gualeguaychú, ciudad que conocía muy bien, por haber vivido en ella. Aquí tenía amigos, especialmente el banquero don Apolinario Benítez, a quien tres años antes consultó permanentemente durante la revolución de Ricardo López Jordán, y el que formaba parte del círculo más cercano del Presidente. No se dudaba del apoyo presidencial. Se tenía especialmente en cuenta que Sarmiento pudo apreciar muy de cerca, en Estados Unidos, los rápidos progresos que trajo la inmigración para este país.
Desde ese momento Gualeguaychú comenzó a reclamar el envío de más y mejores inmigrantes. Los pedidos se hacían por la especialidad y por los conocimientos que los calificaban. En cambio, en otros lugares, la llegada de extranjeros era una molestia que se sentía como pesada carga; para Gualeguaychú se convirtió en un tema de política inmigratoria municipal.

Inconvenientes del emprendimiento
Desde el principio la comisión se encontró con serios inconvenientes que solo pudo vencer luego de transcurrido un tiempo. Precisamente en los momentos en que Gualeguaychú ponía en práctica su idea inmigratoria, se suscitaron algunos casos de cólera en Buenos Aires, y ello provocó alarma ─tal como expresara el encargado de la Comisión Central don Guillermo Wileken, en nota dirigida el 1° de abril a la comisión de esta ciudad─ y engendró muchas acusaciones contra los inmigrantes, a los cuales se pretendía hacer responsables de la epidemia. Gualeguaychú, que buscaba con ansias asistir y proteger a los inmigrantes como ya lo venía haciendo, debió aceptar el decreto del gobierno que ordenó la clausura de los puertos; y la Municipalidad ─por más bien animada que estuviera en favor de la inmigración─ no podía permitir que se infringiese un decreto que tendía a preservar la salud en la provincia de Entre Ríos.
            En nota de junio de 1874, dirigida a la Comisión Central, el presidente del Asilo para Inmigrantes de Gualeguaychú (Dr. Vicente Martínez Fontes) sugería que “inconvenientes de esta clase podían hacerse desaparecer por medio de una disposición gubernativa que señalase los meses en que debía recibirse la inmigración en la República Argentina”, y agregaba que estas enfermedades epidémicas aparecen en los meses cálidos, como diciembre, enero y febrero, y que el tiempo en que refresca sería el más conveniente para recibir inmigrantes.
            Superada esta etapa, la comisión despachó varias solicitudes que fueron atendidas por la Comisión Central con cierta alteración de las categorías requeridas, pues llegaban muchas personas que no se habían pedido. No obstante ello, estas fueron muy pronto colocadas, merced a la buena voluntad de la población de Gualeguaychú hacia los inmigrantes venidos del viejo mundo.

La Asociación de Inmigración
            La asociación, más conocida como Comisión de Asilo de Inmigrantes, posteriormente dirigió una nota a la Comisión Central con una observación, pero no una queja, en la que señalaba “… que la Comisión Central ha atendido todos nuestros pedidos , es cierto, ha creído satisfacerlos bien, es cierto, pero han sido engañados”, y por eso solicitaban que “en envíos posteriores de inmigrantes, es nuestro deseo, que fijen su atención, pues así no se sufrirán tantas equivocaciones, ni los inmigrantes podrán abusar de la buena fe de las personas que creen en sus palabras”. El texto proseguía en estos términos: “…mandar lo que realmente se pide es propender a establecer una corriente de inmigración, buscar colocación a personas que recién llegan y que no pueden comprender es trabajo ímprobo, que además de demandar mucho tiempo, ocasiona un entorpecimiento en la marcha de cualquier comisión, mayormente en poblaciones pequeñas como la de Gualeguaychú”.
            La comisión observó, también, que no mandaban familias ─como las habían solicitado más de una vez─; y esto lo atribuían a que no las había o a que no querían venir, porque las provincias eran muy poco conocidas en el exterior. Al respecto, agregaron que el estímulo de la familia, la ayuda prestada a su jefe y la asistencia que “ella brinda al hogar son todos alicientes para el hombre, porque la gente suelta no sirve para nada”. Creían que si los inmigrantes aquí llegados hubiesen tenido familia, su número hubiera aumentado considerablemente, porque aquí se quería gente que, por amor a los hijos, tuviera necesidad de buscarse un porvenir.
Es de señalar que entre los inmigrantes enviados, alrededor de trescientos, solo llegaron siete matrimonios; sin embargo, muy al principio, se pidieron diez familias, las cuales recibirían leche semillas, bueyes, caballos, tierra y manutención. Si ellas hubieran venido a Gualeguaychú, hubieran adquirido capital y hubieran tenido hijos argentinos.

Asilo para los inmigrantes
Gualeguaychú quería apoyar y contribuir al fin que se había propuesto el Gobierno Nacional y lo hizo en la esfera de sus posibilidades, que no eran muchas. Por eso, a fines de 1874, manifestaron a las autoridades “que han de seguir en este mismo camino hasta que tengan fondos como atender a las erogaciones que demanda el alquiler de la casa que sirve de asilo a los inmigrantes, a la manutención de los mismos y varios otros gastos que los encontrará especificados en la planilla número tres, el gobierno puede considerar en él un nuevo apóstol de su propaganda, y un asociado que como él quiere que los gérmenes de la anarquía sean ahogados con la sola idea de la población”.
Tiempo después trasladan el asilo a la calle 25 de mayo N° 96.

Los emigrados entrerrianos
La Comisión de Inmigración expuso al Gobierno Nacional la conveniencia de invertir fondos para trasladar a esta provincia a entrerrianos emigrados que estaban asilados en la República Oriental, los que se encontraban en la indigencia e imposibilitados de regresar.
Aclaramos que desde mucho tiempo atrás el Gobierno de la Provincia de Entre Ríos proveía asistencia a esas familias por intermedio de los agentes consulares, especialmente del Vicecónsul de Paysandú.
Que los emigrados políticos entrerrianos no pudieran pagar los pasajes no era el único obstáculo a vencer, además existía temor por los seguidores de López Jordán, quienes todavía lo adulaban, andaban errantes en el Uruguay y sostenían que regresaría a la provincia con algún mando como jefe militar. Divulgaban que el ex jefe, nuevamente en suelo entrerriano, pasaría por las armas a los que estuvieran en sus moradas. Los deseos de los entrerrianos y los propósitos de los gobiernos tropezaban con los obstáculos que les presentaban algunos escritores y algunos caudillos ultrajordanitas residentes en la vecina orilla ─cuyos crímenes les imposibilitaban retornar─, que aconsejaban o amenazaban a todos aquellos que querían reintegrarse al pago.
La ley de amnistía general ─inspirada en un sentimiento de patriotismo─ favorecía y amparaba a todos los emigrados que voluntariamente deseaban retornar a su vida anterior.
Nos consta que muchos pasajes destinados a los emigrados entrerrianos y una buena cantidad de cientos de pesos fueron invertidos por el Vicecónsul argentino de Paysandú para cubrir las necesidades indispensables de quienes manifestaban su voluntad de volver a Entre Ríos.
La Comisión de Inmigración denunciaba los abusos que cometían los mismos infames que los empujaron a la expatriación, abusos a los que no eran extrañas las autoridades de algunas poblaciones orientales, como la de Paysandú, que estaba complotada con los asesinos y usurpadores. Explotaban la ignorancia de los emigrados y de sus familias que los siguieron en las dos rebeliones haciendo correr el rumor, como noticias, en las que anunciaban que el caudillo regresaría a la provincia. Esa fue la única causa que demoró el regreso de los emigrados entrerrianos que habían sido amnistiados y por los que luchara la Comisión de Inmigración hasta lograr que regresaran, política que fue congruente con los fines que fijara el Gobierno Nacional.

Presidencia de Avellaneda
El 12 de octubre de 1874 asume la presidencia de la Nación el Dr. Nicolás Avellaneda, que fue ministro del presidente Sarmiento; ambos compartieron la idea del politólogo Juan Bautista Alberdi de que en América gobernar es poblar.
Este ideario prendió muy fuerte en Avellaneda, quien desde mucho tiempo atrás se dedicaba a estudiar el tema, lo que motivó que en 1865 publicara un ensayo titulado Estudio sobre las leyes de tierras públicas.
En la presidencia se dedicó a sistematizar una Ley de Inmigración y Colonización y lo hizo sobre la base de una ley anterior de la Provincia de Entre Ríos. Con estos antecedentes, la Comisión de Inmigración supo que iba a recibir ayuda y apoyo del Presidente y, decididamente, sostuvieron su política inmigratoria.

El año 1875 y la visita del presidente Avellaneda
La presidencia del Dr. Avellaneda trajo renovadas fuerzas a la Comisión de Inmigrantes, las que se acrecentaron con el anuncio de su vista a Gualeguaychú y la oportunidad que el diálogo les brindaría (ver Daroca, Hugo. “Presidente Nicolás Avellaneda – Su visita a Gualeguaychú”, diario El Argentino, 6 de abril de 2014).
Arribó a esta ciudad apenas seis meses después de asumir la presidencia, sin que conozcamos los motivos de su visita de tan solo cuatro horas, lo que nos permite pensar que le interesaba conocer la experiencia de la única asociación que nació de la iniciativa privada. Nuevamente podemos decir que Gualeguaychú es madre de sus propias obras.
La entrevista tuvo lugar el 23 de abril de 1875, oportunidad en la que el primer magistrado escuchó las experiencias de este emprendimiento comunitario y supo de los logros alcanzados por la asociación, del funcionamiento del Asilo de Inmigrantes y de la conveniencia de calificar previamente a quienes arribaban a estas tierras. Todo le resultó muy valioso, especialmente porque se encontraba sistematizando un proyecto de ley de inmigraciones y colonización, que redactaba sobre una vieja ley de la provincia de la época de Urquiza.
Por otra parte, comunicó que nombraría tres miembros para integrar la comisión en funciones, lo que efectuó pocos días después mediante el decreto del 4 de mayo; por el mismo designó a los señores Miguel V. Zamora, Pedro J. Martínez y Jacobo Spangenberg. Prometió una ayuda mensual de cincuenta pesos fuertes resuelto en el citado decreto. Se comentó que la ayuda no fue importante y que favoreció las obras del templo con un subsidio de cuarenta mil pesos ($ 40.000), seguramente por el conocido catolicismo del Presidente que le había suscitado serios enfrentamientos con turbas anticlericales.
En el mensaje de apertura de las sesiones ordinarias del 1° de mayo de 1876, Avellaneda señala la necesidad imperiosa de atraer a la inmigración. En octubre se sanciona y promulga la ley 817, llamada “ley Avellaneda” de inmigración y colonización, que tanto progreso trajo para el país.
La Comisión de Inmigración funcionó hasta fines del siglo y es muy factible que la “Colonizadora Entre-Riana”, fundada a mediados de 1887, haya sido inspirada por los mismos integrantes de esta comisión, lo que dejamos para una próxima nota.

CRONOLOGÍA DE LOS HECHOS

05/1872
Se crea la Comisión Departamental de Inmigrantes
1°/02/1874
Se funda la Asociación de Inmigración
1°/05/1875
Avellaneda abre el período de sesiones ordinarias en el Congreso y se refiere a la Ley de Inmigraciones y Colonización
23/04/1875
El presidente Avellaneda visita Gualeguaychú
29/04/1875
Dicta un decreto por el que ordena la organización de las comisiones de inmigración
4/05/1875
Se dicta un decreto que establece (M.I.) que, mientras el Congreso no provea los fondos necesarios, se asigna la cantidad de cincuenta pesos fuertes a cada una de las tres comisiones nombradas, entre ellas, la de Gualeguaychú. Se designa para integrar la Comisión de Inmigración de Gualeguaychú a los señores Miguel V. Zamora, Pedro J. Martínez y Jacobo Spangenberg
1°/05/1876
En el mensaje de apertura, Avellaneda anuncia su ambicioso proyecto de inmigración y colonización