LAS CAMPANAS DE NUESTRO TEMPLO

Autor: Hugo Daroca.
Publicado en: Diario "El Argentino" el día 3 de mayo de 2015.


Con la fundación de la villa se construye la capilla. A su lado se levanta el campanario en una torre de madera. Se conocen su ubicación y detalles por un esquicio -producto de la simple observación del dibujante- del frente de la manzana vista desde la plaza Mayor, calle San José, entre las de Urquiza y Luis N. Palma.

El dibujo de 1848 tiene valor documental.(1) Brinda pormenores de la capilla y del campanario con su escalera. Este último ubicado justo en la esquina de Luis N. Palma, frente a la casa del cura. Al esquicio lo presenta Cuadernos de Gualeguaychú (2); sus redactores insertan el texto explicativo y agregan un informe.

En aquellas épocas, las campanas eran tan importantes que en muchas ocasiones construían el campanario antes que la capilla. La campana era un símbolo y le daba fuerza a la fundación de una capilla. Se dice que Santa Teresa de Ávila no abría un nuevo convento sin instalar antes en lugar visible una buena campana.

Por otra parte, no había otros medios de comunicación en las villas o ciudades, así que las campanas eran el mecanismo básico para transmitir noticias y avisar ciertos acontecimientos al pueblo. Existía un código que fácilmente se interpretaba: las campanas hablaban a través de sus tañidos y los vecinos lo entendían. Sus tañidos variaban según la graduación que tuvieren dentro del rito religioso o el tipo de acontecimiento que anunciaba.

De esta forma, las campanas formaron parte importante de la vida de la villa. Con diferentes toques guiaban durante el día muchas de las actividades y prestaban mayores solemnidad a los oficios religiosos, actos y ceremonias.

Las campanas fueron adquiridas con la contribución de los vecinos. La operaba un campanero, otras veces, el propio cura. Desde su instalación quedaron integradas a la comunidad. Contribuyeron con su tañer a la solemnidad de los oficios religiosos, actos y ceremonias.

También tañían en los actos peculiares que se celebraban en la Villa de San José de Gualeguaychú. Entre ellos, la conmemoración de las fechas patrias, en las victorias militares, el arribo de un funcionario o personaje destacado, etc.

Al cura a cargo de la capilla se le debían pasar los avisos. Él decidía la clase de toque que se haría y en qué momento. En su caso –agregaba- los servicios religiosos que se brindarían.

Toque de campanas
Como dijimos, las campanas contribuyen a las solemnidades de los distintos oficios religiosos y demás ceremonias. Según el toque se podía inferir la clase de ceremonias. Se distinguían las muy solemnes de las de inferior importancia. Servían también para los actos especiales que tienen las comunidades.

En definitiva, existen varios modos de tocar las campanas. Todos los días se toca la campana al alba. Esto se hacía prolijamente. A pico, con muy poco vuelo e inclinación. Pausa y posteriormente golpes. Al mediodía y al anochecer se tocaba tres veces a pico para el mismo efecto.

El domingo y los días de guardar, los negocios cierran después del segundo repique para facilitar la asistencia de todos a la misa mayor.

Otros toques diarios son el llamado a misa, el toque del alba, el ángelus, el de mediodía o el toque de oración.

Después de rezar el Rosario, que en verano comenzaba al atardecer y en invierno siendo ya de noche, tocaban las campanas por última vez en el día. Era el toque de oración. Los hombres que estaban en las pulperías, en las boticas sabían que pronto su familia estaría en casa para la cena. El toque les servía de avisto para volver a sus casas a cenar en familia. El comercio cerraba. La villa quedaba en silencio. Reinaba la paz.

Lo más trascendente es la distinción entre toques fúnebres y festivos. Como vimos, había diversos modos de tocar la campana y distintos toques. La primera gran distinción es entre los tañidos festivos y los fúnebres. Dentro de los religiosos entre los muy solemnes y los comunes.

Doblar y repicar de campanas: Estas son las dos formas fundamentales de tañer las campanas. Dentro de esta división existen, a su vez, en los repiques diversos modos o calificaciones.
Tratándose de campanas, doblar significa “tocar a muerto”. De allí la típica pregunta que se hacía “¿por quién doblan las campanas?”. Directamente interroga “¿quién es el muerto?” Otros nombres que tenía el anuncio de muerte con campanas eran los sustantivos clamor o posa.

El sonido que el campanero procuraba alcanzar cuando “doblaba” la campana era un talan largo, muy triste y lastimero. Pasados unos instantes se repetía, generalmente lento y así sucesivamente. La campana vibraba. Doblaba, pero no alegre.

Ilustra esta costumbre en nuestra ciudad, una nota periodística que transcribimos:
“El lúgubre tañer de las campanas al amanecer el día 23 nos anunciaba la prematura muerte de la apreciada y distinguida señora Da. Simona P. De Gabito. El ronco son de esa campana que en sus vibraciones parecía gemir de dolor, en que nos anunciaba que había quedado desierto el hogar de la familia.....” (3)

En otra nota del mismo periódico, pero al año siguiente titulada “Un recuerdo a los que fueron” expresaba:
“Lo dijimos que había sido un año de duelo para esta población. Nuestra sociedad, hacen algunas semanas, siente casi cotidianamente el tallido funeral de las campanas que nos anuncian a los que aún quedamos sobre la ribera de la vida, que alguna de tantas familias conocidas visten luto por la eterna ausencia de seres muy caros a sus corazones”.(4)

No todos compartían estas costumbres porque les molestaba. Veamos lo que expresaba un cronista en 1862: 
“Basta de Repiques. Parece que el Sr. Cura se complace en alarmar más a la población de lo que lo está con la peste de la viruela. A cada momento las campanas nos aturden llamando para su majestad. Según hemos oído, si no se nos ha informado mal, el Sr. Jefe Político ha observado lo mismo al Sr. Cura. Pero cada día siguen alarmando más las campanas con sus repiques. El señor Cura debe hacerlo cesar, porque antes que los repiques, está la conservación de los enfermos a quienes cada campanazo llena de inquietud”.(5)

Agregaba la nota: “el Sr. Cura puede prestar ese último auxilio de la religión, sin necesidad de llenar el espacio con la fúnebre señal de sus repiques Según vemos o los mismos periodistas la cuestionaban por distintas razones”.

Otro periodista (6) en 1885 criticaba porque “insensiblemente en nuestra población se van introduciendo ciertas costumbres que chocan contra el buen sentido y las conveniencias sociales”. Se refería al cierre del tránsito en las calles empedradas cuando había algún enfermo. Decía que bastaba con echar arena. Además, se preguntaba qué significaban los trapos negros colgados de los llamadores, ¿solo para que el pueblo sepa que en esa casa están de luto?

En lo que respecta al doblar de campanas, sostiene que solo sirven para alarmar más a los enfermos y que sería de gran utilidad que la Municipalidad prohibiera los dobles por los muertos.
Terminaba su nota diciendo:
“Las campanas no deben tener otro fin que llamar a los fieles a la misa. Repicar el sábado a las 12 para llevar alegría a los corazones de los niños, que saben que al otro día no tiene escuela, ni el trabajador debe concurrir a sus tareas”.

Las campanas comunicaban, servían hasta de reloj. Puntualmente daban la hora y para muchos era su reloj de campanas. Espacialmente para los que trataban de conciliar el sueño o tenían horario para levantarse. En fin, una compañía deseada y estimada. Por eso es que otros se quejaban por la impuntualidad en el toque de mediodía. En tal sentido se publica una solicitada titulada (7) “AL SEÑOR CURA”. Dice:
¿Quién es el encargado de tocar las campanas al mediodía? Días pasado hemos protestado contra la negligencia o mala voluntad del encargado, pero en vano. Basta de mofarse del público. Hay días, como el sábado pasado que se tocó media hora antes de las doce, y casi siempre con la misma irregularidad. Esto es escandaloso, y perjudica a mucho. Esperamos que el señor cura pondrá remedio”.

Cabe destacar que cuando fallecía alguien se debía avisar al cura. Él era el único que podía ordenar la misa y el toque de posas, que era el doblar de las campanas y cantar el responso. También tiene un sentido religioso: se tañen las campanas cuando se va a celebrar un funeral.

Repicar de campanas:
El repique es un tañido festivo y repetido en señal de regocijo. Las efemérides patrias se celebran con repiques de campana, paradas militares. (8) En estas ocasiones o cuando se festejaba el triunfo en alguna batalla, se “echaban las campanas a vuelo”que expresa que algo se está celebrando con gran alegría y júbilo.


NOTAS:

(1) Archivo del Instituto Magnasco.
(2) Cuadernos de Gualeguaychú. Nº 2. Pág. II
(3) “El Chimborazo” Nº 23 - Sábado 25 de Abril de 1874 –Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.
(4) “El Chimborazo” Nº 91 - Abril 24 de 1875 – Hemeroteca Biblioteca Sarmiento
(5) “La Democracia” Nº 140 - 11 de Diciembre de 1863 – Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.
(6) “El Telégrafo” Nº 1309 - 20 de Mayo de 1885 – Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.
(7) “El Porvenir” Nº 284 - 8 de Agosto de 1866 – Hemeroteca Instituto Magnasco.
(8) Bosch Beatriz “Urquiza Gobernador de Entre Ríos 1842-1852. Pág. 89 - 2º Edición – Editorial de Entre Ríos - Paraná. 2001.

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