BANCO TERRITORIAL GUALEGUAYCHÚ


Autor: Hugo Daroca.
Publicado en: Diario "El Argentino" el día 00/00/0000
Antecedentes
Los últimos años de la década de 1870 fueron difíciles para el país y para nuestra ciudad. La crisis dejó sus efectos(1) y esto se agravó con la Ley de Bancos dictada por Juárez Celman.(2)
Gualeguaychú había perdido el espíritu de iniciativa y de asociación que la caracterizaban. Carecía de fuerza para luchar o para paliar la caída de las actividades económicas. El puerto estaba sin movimiento; la edificación, paralizada. Era urgente enfrentar la situación económico-social y nada mejor para ello que contar con la ayuda financiera que podía prestar un banco.
La ciudad tenía un hombre que desde mucho tiempo atrás soñaba con la ardua tarea de crear una institución bancaria, era don ANTONIO DANERI, y de su esfuerzo surgiría el Banco Territorial Gualeguaychú. Este fue el momento propicio para crearlo; de inmediato, la institución promovió el comercio y las industrias agrícolo-ganaderas mediante la concesión de créditos, descuentos de cartas de crédito y otros títulos valores.
Así el Banco Territorial inicia un camino progresista y ascendente con bases sólidas.  Fundado al estilo inglés, las acciones se pusieron al alcance de todos, ricos y gente humilde y supo enfrentar las dificultades que provocaban la crisis y la falta de intermediación en el sector financiero, en circunstancias en que los bancos estatales suprimían los créditos. Sus directivos eran hombres de bien, honestos, creativos y contaban con un gerente como don Antonio Daneri, quien se desempeñó con admirable eficiencia bienhechora.
Hubo épocas en que Gualeguaychú tuvo uno o dos bancos que hubieran transformado la ciudad si no lo hubiese impedido la errónea legislación bancaria sancionada por la Provincia. Llamada la “cuna de los bancos y de atrevidas empresas” y conocida como  ciudad de los bancos,k quería recuperar ese prestigio.

Oposición
 Mientras los fundadores realizaban los actos preparatorios para establecerl esta institución  bancaria, fueron combatidos duramente por vecinos incapaces de sumar esfuerzos. Surgieron voces que intentaron desvanecer la iniciativa creando un clima de desconfianza con insinuaciones pérfidas contra la idea y sus iniciadores. Argumentaban falta de idoneidad en quienes iban a integrar el directorio y la gerencia. La prensa los calificó de personas que “se complacen en criticar o demoler por espíritu de egoísmo, de mala fe o de envidia”.(3)
La oposición era tan acérrima que intentó fundar otra entidad bancaria denominada inicialmente Banco de Comercio(4) y más tarde, Banco Comercial Gualeguaychú. Solo lograron debilitar momentáneamente el apoyo de algunas personas que se habían incorporado desde sus orígenes a tan notable emprendimiento. Una profusa propaganda acompañó este proyecto, y llegaron a redactar el estatuto y a ponerlo a disposición en lugares en los que se suscribían acciones, como las oficinas de los señores José Luis Aranda y Cía., Luis Clavarino, Juan Spangenberg, Juan Nágera, Bartolomé Chichizola, Juan Bagalciaga, Eusebio Vega y Cía y el señor Buade.(5)
Pronto la entidad que soñó Antonio Daneri abrió sus puertas, y lo hizo en plena crisis bancaria y financiera, durante la cual numerosos bancos oficiales suspendieron los descuentos y hasta los pagos, lo que  provocó el cierre de numerosas sociedades que operaban con el formato jurídico de sociedades anónimas.

Fundación
El Banco  se funda en junio de 1889 con capital aportado por comerciantes que supieron que una sociedad era el medio más eficaz de superar dificultades, y con la potencia que puede adquirir una institución cuando se suma el esfuerzo de muchos, aunque estos sean débiles y prescindan del apoyo oficial. Su apertura facilitó el rápido manejo de los fondos y la atención de necesidades de los habitantes, a quienes les fue mucho más fácil descontar sus letras y solicitar créditos. Su intervención en el mercado inmobiliario trajo aparejada la valorización de los bienes raíces
Desde el principio fue gestionado por dos personas expertas: su presidente, el Dr. Víctor Vilar, y el gerente don Antonio Daneri.  Figuras respetables y muy apreciadas, quienes supieron granjearse la confianza hasta de los más acérrimos opositores que pronto pasaron a sumarse a la clientala del Banco.
Gualeguaychú le debe muchas de sus conquistas. Basta citar el alumbrado de gas,  la usina y el tranway, signos del progreso ciudadano.(6)

Asamblea constitutiva
 Se lleva a cabo en los primeros días de junio de 1889 y en ella se aprueba el estatuto de la sociedad anónima y se designa el primer directorio que queda integrado de la siguiente manera: Dr. D. Víctor Vilar, presidente; D. Ángel Fontana, vicepresidente; Esteban Garbino, tesorero; Antonio Font, secretario; Salvador Rossi, Eusebio Goldaracena y Juan C. Etchebarne, vocales; Asisclo Méndez, Agustín G. Piaggio, Ignacio Olaechea, Ángel F. Ríos, suplentes.
Se nombra gerente al señor Antonio Daneri.

El Estatuto
El estatuto de la sociedad fue aprobado por el Superior Gobierno de la Provincia mediante decreto del 22 de junio de 1889. Consta de 58 artículos Desde su inicio el Banco Territorial toma participación activa y directa en el progreso del  departamento de Gualeguaychú.
Destacamos el art. 31 del Estatuto: establecía que para contar con derecho de asistencia y voto en las asambleas, el accionista debía poseer por lo menos diez acciones, que representaban un voto; pero ningún accionista podía tener más de seis votos, con lo que se democratizaban las decisiones.
Como dato curioso cabe destacar que el título octavo, denominado “De las Utilidades y Fondo de Reserva”, art. 51, establecía que las utilidades líquidas que resultaran de las operaciones del Banco serían distribuidas de la forma siguiente: 3%, al Gerente y 1%, al Secretario y al Presidente. El 5 % se distribuiría entre los miembros del directorio en proporción a la asistencia de cada uno de ellos a las reuniones.
 Clara valoración del Banco que daba preeminencia al gerente como empleado de la institución y no por su calidad de capitalista. Otro aspecto destacable que ponía el acento en la responsabilidad de la gestión bancaria, determinaba que los dividendos a distribuirse ente los directores se establecería de acuerdo con la concurrencia a las reuniones de directorio.
La sociedad sería administrada por un directorio compuesto por once accionistas elegidos en asamblea: siete titulares y cuatro suplentes ─que solo ejercerían la función de titulares cuando fueran llamados para formar quórum en caso de que aquellos estuviesen en minoría─. Para ser director se requería poseer por lo menos 250 acciones de la sociedad. El directorio duraría dos años en sus funciones; en caso de renovación, en el primer ejercicio se sortearían los cinco primeros miembros y en el segundo, los seis restantes, y así sucesivamente (art. 37).
El gerente no podía ser removido sino por el acuerdo de las dos terceras partes de los miembros que componían el directorio (art.52).

El capital social
Abierta la institución, de inmediato se ofreció al público la primera serie de acciones, con un valor de diez pesos, que podían adquirirse en varios domicilios de los fundadores don Víctor Vilar (Méjico 33); Ángel Fontana (25 de Mayo 199); Eusebio Goldaracena (Bolívar y Centro América); (Juan C. Etchebarne (25 de Mayo y Suipacha); Salvador Rossi (Federación y Méjico); Antonio Font (Urquiza 116); Esteban Garbino (Saladero Amistad); Antonio Daneri (25 de Mayo y Solís).(7)
La confianza que inspiraban el directorio y la gerencia despertaron interés por adquirir acciones en capitalistas de otras ciudades. La primera serie se agotó rápidamente y de la segunda se adquirió un buen número.(8) Un sindicato de inversores de la Capital Federal propuso la adquisición de todo el capital y, ante una negativa, ofreció sumar un millón al fondo de cuatro millones que  poseía Banco, oferta que también fue rechazada.
           
Los principales capitalistas del Banco Territorial
Nos referimos a los señores Eusebio Goldaracena, Esteban Garbino, Salvador Rossi, Ignacio Olaechea, Juan Carlos EtcheBarne y Nicolás Mendaro.(9)
La institución se fundó con dinero del comercio local y llenó una sentida necesidad. Desde sus primeros días se manejó con mucha habilidad, especialmente en los préstamos de dinero. Así lo refleja un comentario periodístico que sostiene: “Ha sabido salvar situaciones difíciles en la seguridad de que su dinero se entregaba a personas que ─es cierto─ lo necesitaban pero tenían cómo responder cien veces más por la cantidad que les concedía el directorio”.(10)

Domicilio, apertura y horario
El Banco abrió sus puertas el lunes 23 de septiembre de 1889 en calle 25 de Mayo, esquina Chacabuco (ángulo sudeste), al lado de la ferretería de Luis Clavarino y haciendo cruz con la tienda “El Turco”, de Ángel F. Ríos, que era la más surtida en esos años. El horario de atención era de lunes a viernes, de 10.30 a 15; los sábados y los fines de mes se extendía hasta las 16 y  en  los feriados abría de 9 a 11 para que pudiese operar la Caja de Ahorros.
Además de las actividades propias de toda institución bancaria, desarrollaba otras anunciadas de la siguiente manera: “Compra, vende, edifica y alquila propiedades”. Era lo que precisaba Gualeguaychú, y por eso estaba llamado a participar activamente en el progreso de la ciudad. Corrían épocas en que la prestación bancaria constituía una palanca de desarrollo, porque facilitaba capitales al comercio y a otras actividades que estimulaban la economía. Lo cierto es que el dinero comenzó a circular por diferentes manos, pues el Banco Territorial aumentó la velocidad de esta  circulación.
Era sabido que al frente de la institución había directivos honestos y competentes, por lo que se esperaba una gestión favorable con resultados satisfactorios. En septiembre de ese mismo año publicita la tasa de los intereses que cobra y abona por depósitos en caja de ahorros, tomando desde un peso hasta mil y por adelantos en cuenta corriente. A pocos meses de su apertura, la entidad operaba en todas las áreas y extendía giros sobre cualquier punto de Italia.

La primera Asamblea General Ordinaria
El primer ejercicio cerró el 31 de diciembre de 1890; la asamblea fue citada para el 18 de enero de 1891, en las oficinas de la Colonizadora Entre-Riana, sita en  Urquiza 199, para considerar la memoria y el balance ─desde la fundación hasta el cierre del citado ejercicio─  y la propuesta de distribuir dividendos del diez por ciento en efectivo. Ambos asuntos se aprobaron por unanimidad. Estos resultados demuestran la excelente gestión del Banco y la importancia de las operaciones realizadas en muy poco tiempo. Quienes le  habían confiado sus intereses quedaron muy satisfechos con las utilidades percibidas.
El estado contable fue suscripto por el gerente don Antonio Daneri, el presidente Víctor Vilar y el secretario don Antonio Font. Certificó el balance el contador Pablo Daneri y prestó su conformidad y aconsejó su aprobación el síndico don Alfredo Elías.

Actividad en 1891
Luego de la asamblea, la institución siguió funcionando a pleno y desarrolló una beneficioso plan financiero para el crecimiento de la ciudad, a través del aumento de la clientela y de la  incorporación de nuevos servicios. 
El 3 de abril de 1891 suprimió la atención al público los feriados y domingos, y modificó las tasas de intereses activos y pasivos. Durante este período se intensificaron las operaciones inmobiliarias y las correspondientes a la construcción y se realizaron inversiones destinadas al bien común, como es el caso  deltranway” y del alumbrado público de gas en la ciudad. Desde luego, esto no impidió que prestara un importante servicio financiero a todos sus clientes y que actuara como intermediario en la colocación de los capitales confiados a su manejo, destinados primordialmente a financiar el crecimiento económico que tanto se necesitaba.

Nuevos embates contra el Banco
En 1890, el clima político se enrareció con motivo de las elecciones municipales, a realizarse el primer domingo de diciembre para suceder al intendente don Máximo Chichizola, cuya reelección se pretendía después de un excelente mandato. Así surgieron fuertes divergencias que pronto derivaron en agresiones políticas ─al principio a través de la prensa─; y luego, en conflictos sociales hasta desembocar en enfrentamientos en los atrios donde hubo gente armada.(11)
Ese año se publicaban en Gualeguaychú seis periódicos con fuertes posiciones partidarias;(12) dos de ellos ─que aumentaron las disputas─ injuriaban al Banco Territorial y a sus funcionarios y directores, especialmente a don Antonio Daneri, que gestionaba  entonces el “tranway”, y también a funcionarios municipales, a quienes acusaban de que la concesión del alumbrado se había efectuado cuando se encontraban al frente de la Municipalidad.
La verdad era otra: el 26 de octubre de 1887, la Municipalidad contrató el servicio de alumbrado de gas con el Sr. Benito Pellerano a quien le otorgó la concesión; esta fue vendida al Sr. Jaime Vieyra, que posteriormente la vendió al Banco Territorial Gualeguaychú, pero el contrato fue celebrado cuando aún no se había formado la sociedad que creó el Banco.(13) El enredo se produjo a raíz de que la institución bancaria había pedido al Municipio una prórroga para el funcionamiento del gas domiciliario porque no había finalizado la obra; la solicitud fue acordada.

La segunda Asamblea General
Se realizó el domingo 14 de febrero, en el local de la Colonizadora Entre – Riana, para considerar la memoria y el balance cerrados el 31 de diciembre de 1891, y la distribución de los dividendos en efectivo “para repartirse entre los accionistas”. Pero ellos no fueron los únicos beneficiarios: la usina de gas estaba en marcha para el bienestar de la población y se estableció el tranway, cuya administración quedó a cargo de Antonio Daneri.(14) Además, los pequeños agricultores pudieron adquirir una modesta y confortable casa habitación, construida por el Banco Territorial a muy bajo precio y con reducida amortización y bajo interés.
La memoria y el  balance,  aprobados por unanimidad,  llamaron la atención de un cronista que comenta “el poder del crédito cuando es manejado por manos hábiles y honradas, cuando su distribución equitativa responde a fines nobles y elevados y el resultado de sus operaciones solo tiene por norma el bien que a su derredor desparrama”.(15)
Según la memoria, el año anterior (1891), se habían vendido cuatro propiedades con las cuales el Banco a más de sacar el capital, los intereses y gastos, había recibido “todavía una pequeña utilidad que en plena crisis es un hecho fenomenal”. Asimismo destaca que el movimiento de caja de ese año casi ha superado al anterior (1890).
Un hecho auspicioso y de madurez empresaria mostró que de la suma destinada a dividendos en efectivo, la asamblea había resuelto capitalizar el 80% ─que correspondería a un dividendo en efectivo del 8% sobre el capital accionario─ y solo entregar a los accionistas el 20 % restante y la buena concesión de los créditos que no señalase la existencia de incobrables.

Influencia de la política Municipal
El 31 de diciembre de 1890 venció el mandato del intendente Máximo Chichizola sin que se hubieran podido realizar elecciones para elegir su reemplazante. Eso motivó que el poder ejecutivo provincial, el 30 de diciembre dictara un decreto nombrando una Comisión Municipal Provisoria para que se hiciera cargo de la municipalidad de Gualeguaychú hasta tanto el pueblo convocar a nuevos comicios. Son designados los señores: Sixto D. Neyra, Alfredo Elías, Pastor Britos, Juan Etchebarne, y Ramón Goyri.  Los dos últimos no aceptaronpor las circunstancias que se vivían en la ciudad El vecindario que tan alarmado se encontraba con los rumores que se esparcían y que hacían presentir escenas dolorosas recibió la noticia con gran satisfacción. “la única también que desarma el brazo de los que estaban prontos a recurrir a las vías de hecho, en la creencia que de entre los charcos de sangre, se levantaría la responsabilidad de los que debían ocupar los principales puestos del gobierno comunal”.(16) El peligro desapareció por completo y el pueblo puedo libremente entregarse a sus expansiones sin temor de ser molestado.
El 1 ° de enero de 1891 se hizo cargo de la municipalidad la Comisión Municipal provisoria, con las mismas facultades que un intendentes y Concejo Deliberante integrada por los ya nombrados: señores Pastor Britos, Alfredo Elías y Sixto Neyra. Hubo en ese entonces una clara división y enfrentamiento entre Clavarinistas y masonistas. Los primeros, llenos de pasiones y envidia con la intención de dejar sin efecto todo lo realizado en las anteriores gestiones municipales., principalmente las resoluciones tomadas respecto del contrato de suministro con el Banco Territorial. Como no podían disimular su ofuscación querían revocarlas.

Las elecciones de 1891
Ejecutando su plan cedieron al Dr. Enrique Masón la intendencia para quedarse con las concejalías, con una amplia mayoría que les permitiría dominar las decisiones políticas municipales. Estaban seguros que les iba a resultar muy fácil desprenderse del doctor Enrique Mason y ocupar su cargo.
 Entre los miembros de la corporación municipal existía una profunda división. No fue necesario esperar, muy pronto y tal como lo vaticinara “los Principios” se oyeron conceptos muy desfavorables hacia el Dr. Masón como presidente de la municipalidad proferidas por uno de sus más fervientes admiradores y decidido partidario en los comicios de diciembre, miembro del Concejo Deliberante y director del periódico “El Noticiero” nos referimos al Sr. Inocencio Furques.(17)
Destacaba que el presidente nada había hecho, de lo cual surgía que tampoco los concejales
Muchos de los que lo habían votado se arrepintieron y hubo indignación pública que se hizo sentir.
Los “clavarinistas” tenían la mayoría y asumieron sus cargos decididos a seguir su estrategia y dejar sin efecto todo lo que habían hecho las anteriores administraciones y pronto sacarse de encima al intendente. Las razones de nada sirvieron porque eran contrarias a la consignas que se habían fijado.(18)

Ataque al Banco Territorial Gualeguaychú
Un insólito atentado comete la municipalidad contra el Banco Territorial y la empresa de gas por la ofuscación de los seis miembros del Concejo Deliberante, víctimas de sus bajas pasiones al revisar la prórroga concedida el año anterior. Un suelto periodístico así lo afirma al decir. “El inaudito atentado de la municipalidad contra la empresa de gas que representa los intereses del pueblo se ha consumado al fin(19) No han querido considerar que esa empresa formada con capitales de la localidad de donde son casi la totalidad de los accionistas con cuyo comercio tiene amplias vinculaciones por su negocio de banco debía merecerles la concesión de la prórroga solicitada teniendo en cuenta la mala situación financiera del país..” (20)
  En otro comentario titulado “Nihilistas locales” se expresaba así: “Así podemos llamar a los concejales que torciendo el orden de los procedimientos, llevados de su mal instinto y guiados por mezquinos intereses y sin discutir las atribuciones de la comisión que funcionó en los siete primeros meses del año ppdo., pretenden de derogar o sea desconocer el derecho que esta acordó al Banco Territorial la prórroga que solicitó para dar terminada la instalación de la usina del Gas”.(21)
El banco Territorial no había solicitado una nueva prórroga. Se refieren a la que el año anterior fuera concedida por la Comisión Municipal, que querían revocarla para aplicar una multa de 500 pesos mensuales, desde la fecha en que debía entregarse la obra, y además sostenían que el precio a cobrar por el servicio de Gas era “alto impuesto” que el pueblo no podría soportar.
Mientras tanto el Banco Territorial seguía su actividad bienhechora, principalmente colaborando con la realización de obras públicas. Especialmente nos queda grabado la empresa de tranway que, como veremos próximamente favoreció la recreación de los vecinos y por supuesto mejoró el transporte urbano.

En un debate que se suscitó al poco tiempo de asumir los cargos, “se revelaron las pasiones por tanto tiempo estaban comprimidas, en que se han hecho cargos a las administraciones anteriores de las cuales formaron parte varios de los que hoy actúan como concejales”.(22) En ese debate no hubo calma, ni la razón fría y desapasionada que hubieran suprimido rencor y enemistades que existían y que renacieron.
Pronto se hicieron conocer dos resoluciones dictadas con ligereza por el Concejo Deliberante municipal que puso de manifiesto el acuerdo de camarilla que tenían para resolver ciertas cuestiones.
En esas resoluciones que derogaban la de anteriores administraciones habían participado alguno de ellos. Al momento de resolver imperaba el animadversión y el resentimiento, la razón estaba ausente.

El asunto del Gas
En el asunto del gas se produjo una profunda escisión entre los que habían llegado juntos a la cumbre del poder local. Nada podía cambiar las consignas que se habían fijado los partidarios de Clavarino.  Ellos lo tenían definitivamente resuelto antes de su tratamiento y se votó por la aprobación del dictamen de la Comisión de hacienda con mucha precipitación, para que no se la analizara, sin esperar que regresara el doctor Mason que estaba enfermo.
Los que votaron por la aprobación del dictamen sobre el asunto del gas son los mismos que tratan de hostilizar al Banco Territorial Gualeguaychú señores: Gustavo De Deken, Luis Clavarino, Inocencio. Furques, Máximo Nuñez, Martinez e Hipólito Labarthe.
De este grupo los que llevan la batuta y dirigen el tema son los tres primeros, empecinados en presentar el contrato como ruinoso para la población. Los demás se quejan de esa trinidad no hacen ni inician nada bueno. Se los creía personas inteligentes y de quienes se podía esperar mucho y bueno. Es razón llevó al periodista a afirmar que era bueno que dieran sus nombres para que la población y los accionistas del banco conocieran, como votaban y quienes eran.(23)

Convenio con la Municipalidad
El banco territorial agotó a todas las instancias legales para mantener la vigencia de la resolución que le concedió la prórroga para la terminación de la obra para el suministro del gas.
La cuestión pendiente entre la empresa y la municipalidad eran la multa que se le impuso a aquella por demoras en el cumplimiento del contrato, puede considerarse satisfactoriamente solucionada, faltando solo que el Concejo Deliberante apruebe el convenio. En virtud del arreglo alcanzado la tarifa de la empresa sufre una importante rebaja hasta tal punto que el alumbrado a gas vendría a costar muy poco más que la defectuosa a kerosene.  Sólo basta que sea aprobado por el Concejo deliberante.(24)
El convenio aprobado, con algunas modificaciones que le introdujo el C.D., fue llevado a escritura pública.(25)
El comienzo del alumbrado a gas en Gualeguaychú se produjo el 24 de enero de 1894, durante la intendencia de don Francisco Campi.
La empresa de gas fue un honor para Gualeguaychú, no sólo por representar un progreso de gran importancia, sino porque se hizo con capitales locales que prueba que hay hombres emprendedores que tienen fe en el porvenir de esta ciudad y que no vacilan en emplear su dinero en obras para el progreso.

Liquidación
Finiquitadas dos obras importantes como lo fueron el tranway las construcción de la usina de gas para el alumbrado público el Banco Territorial decide su liquidación en el año 1896 el directorio es nombrado en comisión liquidadora. En las convocatorias a asamblea general ordinaria durante los años 1897 y 1898 se somete a consideración la memoria y el estado de la liquidación.(26)



(1) La caída del jprecio de los productos que se exportaban, el endeudamiento externo, las emisiones continuas del papel moneda y la pérdida de valor del signo monetario provocaron inflación. Se vendía barato y se compraba caro.
(2) El 3 de noviembre de 1887, el Gobierno sancionó la Ley de Bancos Nacionales Garantidos que autorizaba a entidades a emitir billetes a cambio de realizar un depósito en oro en el Tesoro Nacional; por el que se entregaban títulos públicos contra los que la entidad bancaria emitía moneda. La irresponsabilidad fiscal y la desmesurada emisión dispararon inflación. Este festival de emisiones provinciales y privadas se detuvo recién en 1890, cuando Carlos Pellegrini estableció una Caja de Conversión.
(3) La Sentinella, Año II,  N° 109, Gualeguaychú,  8 de Julio de 1889, p. 1, cols. 1y 2.
(4) Conf. La Sentinella, Año II, Nº 121, Gualeguaychú, 19 de agosto de 1889, p. 2, col. 2.
(5) La Sentinella,  Año II, N° 129, Gualeguaychú, 22 de agosto de 1889, p. 2, col. 2.
(6) PIAGGIO, Enrique Ángel, Evocaciones del Ayer, Gualeguaychú, Talleres Gráficos Rojas & Bogliacibo, 1996. p. 27.
(7) La Sentinella, Año II, N° 112, Gualeguaychú,  18 de julio de 1889, p. 2, col. 4.
(8) Ibiden, N° 118, Gualeguaychú , 8 agosto de 1890.
(9) Piaggio, Enrique Ángel, Evocaciones del ayer, Gualeguaychú, Talleres Gráficos Rojas & Bogliacino, 1996,  pp.  5 y 6.
(10) La Sentinella,  N° 269, Gualeguaychú,  12 de febrero de 1890.
(11) Nota: Por la importancia que asignamos a esas elecciones y por su vinculación con  la política provincial y nacional, en una de nuestras próximas entregas nos referiremos especialmente a ellas.
(12) Se publicaban El Noticiero, La Sentinella, Los Principios, El Municipal, La Idea y La Reforma.
(13) Los Principios,  N° 508,  Gualeguaychú,  26 de  enero de 1892,  p. 1. col. 2.
(14) Nota: La historia del tranway, como la de la usina de gas y los problemas políticos electorales ya mencionados serán tratados  –por separado– en entregas posteriores.
(15) Los Principios,  N° 520, Gualeguaychú, 15 de marzo de 1892.
(16) “LA SENTINELLA" - Año III - Nº 269 - Jueves 12 de Febrero de 1891 (Pág.  1 / Col 1, 2 y 3 ) y Nº 258 - 1º de Enero de 1891, Págs.  1 / Col. 2 y Pág. 2/ Col. 1.
(17) “LOS PRINCIPIOS” N° 532; Abril 29 de 1892, Pág. 1/ Col.1.
(18)  N° 511 Febrero 9i de 1892
(19) “LOS PRINCIPIOS” – N° 512 , febrero 12 de 1892 (Pág. 1/ Col 2 y 3)
(20) Idem
(21) Ibidem N° 513 Febrero 16 de 1892, (Pág. 1/ Col. 2)
(22) “LOS PRINCIPIOS” N° 511 – Febrero 9 de 1892.
(23) Idem. N° 512, febrero 12 de 1892. (Pág. 1/ Col. 4)
(24) “EL CENTINELLA” N° 558 , Lunes 8 de enero de 1894, (Pág. 1/ Col. 1)
(25) Idem N° 581 Lunes 2 de Abril de 1895
(26) “LOS PRINCIPIOS” N° 1051  Julio 17 de 1897 y N° 1094 del 5 de julio de 1898 (Pág. 3/ Col 1)