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HISTORIA DE LOS BANCOS PRIVADOS DE GUALEGUAYCHÚ ENTRE 1860 Y 1890

       La historia del progreso de un pueblo está vinculada íntimamente a la capacidad de emprendimiento de sus habitantes. Los avances de un lugar o una región son producto de iniciativas que mayormente provienen del sector privado.
        En Gualeguaychú, la escasez de moneda y el riesgo de estancamiento económico empujaron a comerciantes y diversos actores sociales a promover el surgimiento de entidades bancarias que favorecieran el desarrollo local.
        Este es un documento que rescata la historia de esos emprendimientos, las dificultades con las que se enfrentaron a la hora de establecerse y desenvolverse en un pueblo que necesitaba encontrar una solución concreta a un problema que el Estado aún no había logrado resolver.


ÍNDICE

Prólogo

La Sociedad de Cambios, Emisión, Depósitos y Descuentos
Diferentes situaciones económicas en Gualeguaychú entre los años 1850 y 1860
Necesidad de contar con un banco de emisión
El estatuto social
La emisión de los billetes
El expediente en el Ministerio General de la provincia
Cierre de la Sociedad de Cambios, Emisión, Depósitos y Descuentos

El Banco de Mauá
Introducción
Acuerdo con la Confederación
Banco de Mauá y Cía.
Se autoriza la instalación y funcionamiento de los bancos privados
Sucursal Gualeguaychú
Fecha de apertura de la sucursal
Incumplimiento a comienzos de 1865
Lo sucedido en Montevideo
El año 1865
Quiebra del Banco Mauá

El Banco José Benítez e Hijo
Fundación
Cambio en la política bancaria: autorización a bancos privados
Apertura del Banco José Benítez e Hijo
Instalación definitiva y licencia amplia
Impresión de los billetes
Empréstito al Gobierno de la provincia
La década de 1860 en Entre Ríos y en Gualeguaychú
Solvencia y liquidez
Falsificación de billetes del Banco Benítez
Éxito del banco
Comienzan las dificultades: los bancos y la moneda durante la gobernación del. Dr. Ramón Febre
Una ley monstruosa
Últimos pasos

El Banco Oxandaburu y Garbino
La iniciativa
Autorización
Apertura
Las operaciones bancarias
Documentación del banco
Las agencias
Grave conducta de Juan Oxandaburu
Disolución y liquidación
Extinción del banco

Banco Domingo Garbino
Apertura
Cambio político y legislativo

Banco Comercial
Iniciativa
Nuevo Banco Comercial

Banco Territorial de Gualeguaychú
Antecedentes
Oposición
Fundación
Asamblea constitutiva
El Estatuto
El capital social
Los principales capitalistas del Banco Territorial
Domicilio, apertura y horario
La primera Asamblea General Ordinaria
Actividad de 1891
Nuevos embates contra el Territorial
La segunda Asamblea General
Influencia de la política municipal
Las elecciones de 1891
Ataque al Banco Territorial Gualeguaychú
El asunto del gas
Convenio con la Municipalidad
Liquidación

Reflexión final

Bibliografía

Apéndice fotográfico



BANCO OXANDABURU Y GARBINO

Autor: Hugo Daroca

La iniciativa
        En 1867 los señores Juan Oxandaburu y Domingo Garbino -ambos comerciantes- deciden aunar esfuerzos y asociarse para fundar un banco que compitiera con el de Apolinario Benítez que había comenzado sus actividades el año anterior. Juan Oxandaburu, vasco francés, era propietario de una fonda con hospedaje en la zona del puerto, y también de campos, ganado y de un saladero que exportaba una importante cantidad de toneladas de carne.(1) Además, era dueño de una casa de negocios en calle 24 de Enero, esquina 9 de Julio, donde posteriormente funcionaría el Banco Italia y Río de la Plata.(2)
    Por su parte don Domingo Luis Garbino “atraído por la perspectiva que ofrecía entonces Gualeguaychú (se dice que llegó aquí como músico), se dirige a estas playas donde finalmente desarrollaría toda la potencia de su espíritu inquieto y emprendedor”.(3) Beatriz Bosch expresa que “Interesado en la enseñanza de la música Urquiza contrata en 1849 a ex miembros de la Legión Italiana de Montevideo, Domingo Garbino, Esteban Casalino, y David Vinelli, con el objeto de preparar bandas militares de música, en Gualeguaychú, Gualeguay y Nogoyá”.(4) Se establece con un pequeño almacén y luego barraca ubicada en calle del Puerto (hoy Alem) y de “La Laguna” hoy Bolívar. “Ocupa dos cuartos de manzana, una sobre el ángulo norte donde estaban los almacenes y tienda y enfrente en el ángulo noreste la barraca propiamente dicha”.(5) Posteriormente le agrega corralón de materiales, saladero y molino, continuando con una fuerte expansión que le permite comprar grandes extensiones de campo que explotó con singular éxito.

Autorización
        El gobierno provincial concede a estos socios la licencia para establecer un banco en la ciudad de Gualeguaychú, con las mismas prerrogativas que poseían los demás bancos, mediante decreto dictado en la capital provincial, Uruguay, el 11 de noviembre de 1867. La resolución establecía lo siguiente.(6)
      “De conformidad con lo expuesto por el fiscal general concédase a los señores Oxandaburu y Garbino la licencia que piden para establecer un banco en la ciudad de Gualeguaychú con arreglo a los estatutos que se acompañan que el interesado firmará, debiendo gozar dicho banco de las prerrogativas acordada a los demás establecimientos del mismo género existente en la provincia. Dése cuenta de este decreto en su oportunidad a la Honorable Cámara Legislativa y comuníquese al interesado dándosele los testimonios que de este expediente solicite y archívese previa reposición de sellos. Firman: DOMÍNGUEZ José J Sagastume.
        Recién el 5 de mayo de 1868 la Cámara Legislativa de la Provincia sanciona la ley que aprueba el citado decreto, la que es promulgada en Uruguay el 7 de mayo de 1868 con la firma del Gobernador General Urquiza, refrendada por los ministros Nicanor Molinas y José J. Sagastume.(7)

Apertura
        El banco Oxandaburu y Garbino abren sus puertas al público, el día 1 de marzo de 1868. El hecho se anuncia en un comunicado del día 26 de febrero de ese año, que se publica en el periódico “El País” reiteradamente.(8) En él se explica con precisión, tal como era costumbre en esa época, en que no existía numeración en las calles, donde estaba ubicado el banco por medio de determinadas referencias.
    El aviso indica: “nuestra casa queda establecida en la conocida como la de don Benito Frutos, quién vivía en mitad de la cuadra, vereda norte de Urquiza, entre Libertad y Catamarca (hoy Magnasco e Irigoyen respectivamente).(9)
        Actúa como gerente don Amadeo Gras, hijo del famoso pintor don Amadeo César Gras, que se había formado en la casa central del Banco Mauá en Montevideo, quién en lo sucesivo aparece firmando toda la documentación y los avisos comerciales en calidad de gerente y, por supuesto suscribe las primeras notas del banco e imparte las instrucciones a los agentes que se van designando en diferentes ciudades de la provincia. A ellos los autoriza a realizar las mismas operaciones bancarias que las desarrolladas en la casa central de Gualeguaychú.
        Entre las prerrogativas que el decreto les otorgó estaba la de actuar como banco de emisión, por lo que de inmediato pusieron en circulación los billetes de moneda boliviana que hicieran imprimir en Nueva York, con imágenes de las hijas de Garbino que eran muy niñas.

Las operaciones bancarias
        Por la fuerte presencia y arraigo en esta ciudad del banco “José Benítez e Hijo”, con el cual era muy difícil competir, el banco “Oxandaburu y Garbino” resuelve ampliar el mercado de operaciones y designar agentes o representantes en otras ciudades de la provincia de Entre Ríos para atraer capitales de esos lugares. La expansiva política financiera encarada por la entidad aparece descripta en el primer libro “Copiador de cartas” archivado en esta ciudad.(10)
        Del folio uno se toman los datos de una carta fechada el 24 de febrero de 1868 dirigida al Sr. Francisco Baffico, de Tala, a quien le expresan que es un gusto tenerlo entre los “agentes del Banco” y le notifica que ya se encuentra operando tal como se hiciera público anteriormente. Asimismo le envía “notas de su emisión”, o sean billetes por la suma de $1.500 Bolivianos que inventarían por su valor y cantidad, y agregan que por el valor “lo debitan en su cuenta”. Seguidamente le imparten instrucciones que le servirán de guía para su modo de proceder con la institución.
        Además, precisa que se deberán pagar a la vista los billetes del banco que lleven el sello o aún sin sello para no menoscabar el prestigio del banco.

Documentación del banco
        Existen formularios que se conservan en nuestra ciudad, los cuales, una vez completados, se convertían en la documentación que utilizaba en sus operaciones el “Banco Oxandaburu Y GARVINO” (SIC), como los certificados de depósito. Eran muy sencillos: se firmaban conjuntamente con otro denominado “Condiciones” que regulaba la operación. También han llegado a nuestros días, hojas de un libro de contabilidad para asentar en distintas columnas el negocio y el saldo.
        Otros títulos valores utilizados eran las letras de cambio, los pagarés y las libranzas en pesos fuertes o en bolivianos. Queda para terminar la estrella distintiva: los “billetes de banco” que aún hoy se encuentran guardados como recuerdos.

Las agencias
    Ya para comienzos de abril de 1868 el banco había completado en la provincia “las agencias encargadas de cambiar a la vista los billetes de nuestra emisión”. En tal sentido se publicó un comunicado fechado el 7 de abril de 1868 suscripto en representación de “Oxandaburu y Garbino” por su gerente don Amadeo Gras(11) en el que informa el nombre de los representantes o agentes designados en Concordia, Gualeguay, Concepción del Uruguay, Villaguay y Tala.
        Por el mismo medio ofertaba préstamos o adelantos en cuenta corriente o en caja de ahorros.(12)

Cambio de domicilio
      Posteriormente el Banco se traslada a calle 25 de Mayo y del Rosario (hoy Pellegrini ángulo noreste, donde en el siglo XX funcionara durante muchos años la tienda El Hogar).

Renuncia de Gras
        Amadeo Gras solo se desempeña como gerente unos pocos meses renuncia el 1 de noviembre de 1868,(13) y lo sucede su cuñado José O. Fernández el que permanece en el cargo hasta 1872 como lo acreditan cartas registradas en el Libro copiador de Cartas Nro 1 obrante en el Magnasco.

Grave conducta de Juan Oxandaburu
        Lo que resulta mucho más grave es que como tesorero de la Sociedad de Socorros Mutuos tenía en su poder todos los fondos que constituían la reserva de esta entidad filantrópica, para la asistencia médica y farmacéutica de sus asociados, y se queda con todo el dinero que nunca devuelve. Una defraudación, típicamente dolosa, que deja sin asistencia médica y farmacéutica a la tercera parte de la población de Gualeguaychú.
        Ante el tremendo perjuicio en que colocó a la primera sociedad de socorros mutuos del país por la imposibilidad en que la colocaba la conducta de Oxandaburu convoca a Asamblea General(14) para el día domingo 15 de octubre a las 17 horas en el local del casino a los fines de considerar el tema y encontrar alguna solución, como esto no se logra, deja de funcionar, cierra el 1 de noviembre de 1871 y se publica una solicitada(15) en la que expresa que: “la sociedad de socorros mutuo se retira en presencia de exigencias incalificables a las cuales le ha sido imposible hacer frente y sobre todo en un momento en que un siniestro comercial ocasionado por el tesorero, le quita el recurso de los fondos sociales".

Disolución y liquidación
        A principios de 1871 uno de los socios: el Sr. Juan Oxandaburu comienza a presentar problemas financieros dejando de cumplir con sus obligaciones y entra en cesación de pagos y arrastra al banco a su disolución y liquidación. La quiebra de uno de los socios implica la quiebra de la sociedad.
No encontramos actividades del banco en 1871. Desaparecen las noticias, al igual que los avisos en diarios que eran tan frecuentes.
        A comienzos de septiembre la situación económica obliga a Juan Oxandaburu a solicitar su propia quiebra, decretada el 15 de septiembre de 1871.(16) El juez interviniente es el Dr. Vicente Martines Fontes quién en el auto de apertura de la quiebra resuelva: “de conformidad con lo solicitado por esta parte, hallándose comprendido en lo dispuesto por el artículo 1521 del código de comercio, se decreta "en estado de quiebra a D. Juan Oxandaburu, en su consecuencia procédase a la ocupación judicial de los intereses pertenecientes al señor Oxandaburu”. La situación de Juan Oxandaburu incide en la posición legal del banco, porque la quiebras de uno de los socios apareja para la sociedad su disolución.
        Recién en noviembre se publica un edicto del Juez Comisario del Concurso don Juan M. Cabrera convocando a una junta general de acreedores de Juan Oxandaburu para el 13 de octubre de ese año a fin de proceder a verificar sus créditos.(17) Ante la falta de moneda y financiación comienzan muchos vecinos a reunirse en el Recreo Argentino para fundar un “Banco del Pueblo” o “Banco Comercial” al que en otra entrega nos referiremos.(18)

Extinción del banco
        Pero quien realmente termina con el Banco Oxandaburu y Garbino es el propio Domingo Garbino quién el 6 de octubre de 1871 solicita autorización para la apertura de un nuevo banco en Gualeguaychú con idénticos estatutos a los de “Oxandaburu y Garbino” y a otros de igual clase y categoría que funcionaban en ese año en la provincia. A los pocos días; el 13 de octubre de 1871 se le concede el permiso que solicita con arreglo a los estatutos acompañados, con lo que termina con el banco Oxandaburu y Garbino”.(19)
        En mayo de 1872 Juan Oxandaburu publica un aviso informando a sus acreedores y al comercio que en las actuaciones seguidas para la calificación de su quiebra ha sido sorprendido por el anuncio publicado en El Guardia Nacional del remate del saladero “Amistad” propiedad de una sociedad colectiva integrada por el Sr. Domingo Garbino, D. Juan José Borrajo y Juan Oxandaburu como socios capitalistas y Enrique Hunsinguer como industrial.(20)
        Considera que no ha perdido el derecho que le compete sobre dominio de sus bienes, porque debió haber sido citado para la toma de inventarios en cumplimiento del Art. 1572 del Código de Comercio.
Anteriormente, el 23 de febrero de 1872 había comparecido ante el escribano don Asisclo Méndez y testigos el doctor Miguel F. Fernández de este vecindario quien dijo que ha tomado conocimiento que debe venderse el “Saladero Amistad” de la razón Oxandaburu y Cía. Y en el terreno en que ha sido a edificado tiene derechos sobre una parte indivisa a título de sucesores en los bienes quedados por fallecimiento de su abuela doña Ramona de León y que su legítima madre doña Juana Borrajo jamás enajenó y que protesta en forma legal contra el vendedor y comprador de dicho saladero, siempre que en el caso de efectuarse su enajenación no se salven los derechos que a una parte del terreno les pertenecen.(21)
    En el expediente en que se tramitó la quiebra le fueron rematados todos los bienes de Juan Oxandaburu. En tal sentido resulta ilustrativa la subasta de dos extensas fracciones de terreno de campo, realizadas el 10 de marzo de 1877, uno denominado “San Juan” y el otro “Santa Isabel”.
     Veremos en otra entrega, que Domingo Garbino recién abre las puertas de su banco el 2 de noviembre de 1872, es decir, un año después de concedida la autorización, y aún pendientes de pagos notas del banco “Oxandaburu y Garbino”, que en el aviso de apertura se compromete a convertir.

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NOTAS
(1) “Bachini Elsa Beatriz “Conferencias” – Pág. 93 - Talleres Gráficos Gutenberg Gualeguaychú, 14 de Mayo de 1973.
(2) Borques Juan C. “Periodismo de Gualeguaychú” – Pág. 174.
(3) PIAGGIO Enrique Ángel; “Evocaciones del Ayer” “Un Hombre para la Historia” Pág. 29 Talleres Gráficos “Rojas y Bogliacino – Gualeguaychú 1996.
(4) BOSCH Beatriz: “Historia de Entre Ríos” – Pág. 181 – Editorial Plus Ultra – Alsina 2049 Buenos Aires l991.
(5) BACHINI, Ob. cit. Pág. 29.
(6) Recopilación de Leyes, Decretos y Acuerdos de la Provincia de Entre Ríos – Tomo X –Años 1867 al 69 – Pág.137 Imp. “De la Voz del Pueblo Uruguay 1876
(7) Ídem, pág. 222.
(8) “EL PAÍS” Año I – Nº 121 del Domingo 29 de Marzo de 1868- PÁG. 4 – Hemeroteca Biblioteca Instituto Magnasco.
(9) BLANC Oscar: “La actividad bancaria en Gualeguaychù” en “Gualeguaychú Fragmentos de su historia” Compilado por. Marcos Henchoz; Pág. 72 Talleres Gráficos Birkat Elohym. Bolívar 128, Colón. Entre Ríos.
(10) ARCHIVO GRAFICO DEL INSTITUTO MAGNASCO.
(11) “EL PAÍS” AÑO I – Nº 133 14 DE MAYO DE 1868 –PÁG. 4/ COL 4. Hemeroteca Instituto Magnasco.
(12) Ídem. Nº 121,29 de Marzo de 1868, PÁG 4 y Viernes 30 de octubre de 1868 Pág.4/ Col 4.
(13) LIBRO COPIADOR DE CARTAS DE Oxandaburu y GARBINO – 6 de Noviembre de 1868 – Folio 125. Archivo Gráfico del Instituto Magnasco.
(14) EL GUARDIA NACIONAL - MARTES 10 de OCTUBRE de l871 - AÑO I - Nº 45 - PÁG 4.
(15) EL GUARDIA NACIONAL - SÁBADO 21 de OCTUBRE de l871 - AÑO I - Nº 50 - PÁG 3.
(16) EL GUARDIA NACIONAL - AÑO I – Nº 35 Sábado 16 de Septiembre de 1871 Pág. 3/ Col. 4.
(17) EL GUARDIA NACIONAL - MARTES 7 de NOVIEMBRE de l871 - AÑO I - Nº 57 - PÁG 3.
(18) EL GUARDIA NACIONAL - MARTES 17 de OCTUBRE de l871 - AÑO I - Nº 48 - PÁG 4/Col 2.
EXPTE. Tramitado.
(19) EL REPUBLICANO - LUNES 11 DE MARZO DE 1872 - AÑO I - NÚM. 5 - PÁG 3/COL. 5.
(20) EL REPUBLICANO - Año I – Nº 6 MIËRCOLES 13 DE MARZO DE 1872 PÁG. 2 / Col 1).
(21) EL CHIMBORAZO – Año III- Nº 266 – 28 de Febrero de 1877 – (PÁG. 3 / COL. 2).


Para citar este artículo:
Daroca, H. (2017). Banco Oxandaburu y Garbino. Disponible en línea: https://hugodaroca.blogspot.com/2015/12/banco-oxandiburu-y-garbino.html

BANCO TERRITORIAL GUALEGUAYCHÚ

Autor: Hugo Daroca
Publicado en: Diario "El Argentino" los días 3 y 10 de diciembre de 2017

Antecedentes
        Los últimos años de la década de 1870 fueron difíciles para el país y para nuestra ciudad. La crisis dejó sus efectos(1) y esto se agravó con la Ley de Bancos dictada por Juárez Celman.(2)
Gualeguaychú había perdido el espíritu de iniciativa y de asociación que la caracterizaban. Carecía de fuerza para luchar o para paliar la caída de las actividades económicas. El puerto estaba sin movimiento; la edificación, paralizada. Era urgente enfrentar la situación económico-social y nada mejor para ello que contar con la ayuda financiera que podía prestar un banco.
        La ciudad tenía un hombre que desde mucho tiempo atrás soñaba con la ardua tarea de crear una institución bancaria, era don Antonio Daneri, y de su esfuerzo surgiría el Banco Territorial Gualeguaychú. Este fue el momento propicio para crearlo; de inmediato, la institución promovió el comercio y las industrias agrícola-ganaderas mediante la concesión de créditos, descuentos de cartas de crédito y otros títulos valores.
        Así el Banco Territorial inicia un camino progresista y ascendente con bases sólidas. Fundado al estilo inglés, las acciones se pusieron al alcance de todos, ricos y gente humilde y supo enfrentar las dificultades que provocaban la crisis y la falta de intermediación en el sector financiero, en circunstancias en que los bancos estatales suprimían los créditos. Sus directivos eran hombres de bien, honestos, creativos y contaban con un gerente como don Antonio Daneri, quien se desempeñó con admirable eficiencia bienhechora.
        Hubo épocas en que Gualeguaychú tuvo uno o dos bancos que hubieran transformado la ciudad si no lo hubiese impedido la errónea legislación bancaria sancionada por la Provincia. Llamada la “cuna de los bancos y de atrevidas empresas” y conocida como ciudad de los bancos,k quería recuperar ese prestigio.

Oposición
        Mientras los fundadores realizaban los actos preparatorios para establecer esta institución bancaria, fueron combatidos duramente por vecinos incapaces de sumar esfuerzos. Surgieron voces que intentaron desvanecer la iniciativa creando un clima de desconfianza con insinuaciones pérfidas contra la idea y sus iniciadores. Argumentaban falta de idoneidad en quienes iban a integrar el directorio y la gerencia. La prensa los calificó de personas que “se complacen en criticar o demoler por espíritu de egoísmo, de mala fe o de envidia”.(3)
        La oposición era tan acérrima que intentó fundar otra entidad bancaria denominada inicialmente Banco de Comercio(4) y más tarde, Banco Comercial Gualeguaychú. Solo lograron debilitar momentáneamente el apoyo de algunas personas que se habían incorporado desde sus orígenes a tan notable emprendimiento. Una profusa propaganda acompañó este proyecto, y llegaron a redactar el estatuto y a ponerlo a disposición en lugares en los que se suscribían acciones, como las oficinas de los señores José Luis Aranda y Cía., Luis Clavarino, Juan Spangenberg, Juan Nágera, Bartolomé Chichizola, Juan Bagalciaga, Eusebio Vega y Cía y el señor Buade.(5)
        Pronto la entidad que soñó Antonio Daneri abrió sus puertas, y lo hizo en plena crisis bancaria y financiera, durante la cual numerosos bancos oficiales suspendieron los descuentos y hasta los pagos, lo que provocó el cierre de numerosas sociedades que operaban con el formato jurídico de sociedades anónimas.

Fundación
        El Banco se funda en junio de 1889 con capital aportado por comerciantes que supieron que una sociedad era el medio más eficaz de superar dificultades, y con la potencia que puede adquirir una institución cuando se suma el esfuerzo de muchos, aunque estos sean débiles y prescindan del apoyo oficial. Su apertura facilitó el rápido manejo de los fondos y la atención de necesidades de los habitantes, a quienes les fue mucho más fácil descontar sus letras y solicitar créditos. Su intervención en el mercado inmobiliario trajo aparejada la valorización de los bienes raíces
        Desde el principio fue gestionado por dos personas expertas: su presidente, el Dr. Víctor Vilar, y el gerente don Antonio Daneri. Figuras respetables y muy apreciadas, quienes supieron granjearse la confianza hasta de los más acérrimos opositores que pronto pasaron a sumarse a la clientala del Banco.
Gualeguaychú le debe muchas de sus conquistas. Basta citar el alumbrado de gas, la usina y el tranway, signos del progreso ciudadano.(6)

Asamblea constitutiva
        Se lleva a cabo en los primeros días de junio de 1889 y en ella se aprueba el estatuto de la sociedad anónima y se designa el primer directorio que queda integrado de la siguiente manera: Dr. D. Víctor Vilar, presidente; D. Ángel Fontana, vicepresidente; Esteban Garbino, tesorero; Antonio Font, secretario; Salvador Rossi, Eusebio Goldaracena y Juan C. Etchebarne, vocales; Asisclo Méndez, Agustín G. Piaggio, Ignacio Olaechea, Ángel F. Ríos, suplentes. Se nombra gerente al señor Antonio Daneri.

El Estatuto
        El estatuto de la sociedad fue aprobado por el Superior Gobierno de la Provincia mediante decreto del 22 de junio de 1889. Consta de 58 artículos Desde su inicio el Banco Territorial toma participación activa y directa en el progreso del departamento de Gualeguaychú.
        Destacamos el art. 31 del Estatuto: establecía que para contar con derecho de asistencia y voto en las asambleas, el accionista debía poseer por lo menos diez acciones, que representaban un voto; pero ningún accionista podía tener más de seis votos, con lo que se democratizaban las decisiones.
        Como dato curioso cabe destacar que el título octavo, denominado “De las Utilidades y Fondo de Reserva”, art. 51, establecía que las utilidades líquidas que resultaran de las operaciones del Banco serían distribuidas de la forma siguiente: 3%, al Gerente y 1%, al Secretario y al Presidente. El 5 % se distribuiría entre los miembros del directorio en proporción a la asistencia de cada uno de ellos a las reuniones.
        Clara valoración del Banco que daba preeminencia al gerente como empleado de la institución y no por su calidad de capitalista. Otro aspecto destacable que ponía el acento en la responsabilidad de la gestión bancaria, determinaba que los dividendos a distribuirse ente los directores se establecería de acuerdo con la concurrencia a las reuniones de directorio.
    La sociedad sería administrada por un directorio compuesto por once accionistas elegidos en asamblea: siete titulares y cuatro suplentes ─que solo ejercerían la función de titulares cuando fueran llamados para formar quórum en caso de que aquellos estuviesen en minoría─. Para ser director se requería poseer por lo menos 250 acciones de la sociedad. El directorio duraría dos años en sus funciones; en caso de renovación, en el primer ejercicio se sortearían los cinco primeros miembros y en el segundo, los seis restantes, y así sucesivamente (art. 37).
        El gerente no podía ser removido sino por el acuerdo de las dos terceras partes de los miembros que componían el directorio (art.52).

El capital social
        Abierta la institución, de inmediato se ofreció al público la primera serie de acciones, con un valor de diez pesos, que podían adquirirse en varios domicilios de los fundadores don Víctor Vilar (Méjico 33); Ángel Fontana (25 de Mayo 199); Eusebio Goldaracena (Bolívar y Centro América); (Juan C. Etchebarne (25 de Mayo y Suipacha); Salvador Rossi (Federación y Méjico); Antonio Font (Urquiza 116); Esteban Garbino (Saladero Amistad); Antonio Daneri (25 de Mayo y Solís).(7)
        La confianza que inspiraban el directorio y la gerencia despertaron interés por adquirir acciones en capitalistas de otras ciudades. La primera serie se agotó rápidamente y de la segunda se adquirió un buen número.(8) Un sindicato de inversores de la Capital Federal propuso la adquisición de todo el capital y, ante una negativa, ofreció sumar un millón al fondo de cuatro millones que poseía Banco, oferta que también fue rechazada.

Los principales capitalistas del Banco Territorial
      Nos referimos a los señores Eusebio Goldaracena, Esteban Garbino, Salvador Rossi, Ignacio Olaechea, Juan Carlos Etchebarne y Nicolás Mendaro.(9)
        La institución se fundó con dinero del comercio local y llenó una sentida necesidad. Desde sus primeros días se manejó con mucha habilidad, especialmente en los préstamos de dinero. Así lo refleja un comentario periodístico que sostiene: “Ha sabido salvar situaciones difíciles en la seguridad de que su dinero se entregaba a personas que ─es cierto─ lo necesitaban pero tenían cómo responder cien veces más por la cantidad que les concedía el directorio”.(10)

Domicilio, apertura y horario
        El Banco abrió sus puertas el lunes 23 de septiembre de 1889 en calle 25 de Mayo, esquina Chacabuco (ángulo sudeste), al lado de la ferretería de Luis Clavarino y haciendo cruz con la tienda “El Turco”, de Ángel F. Ríos, que era la más surtida en esos años. El horario de atención era de lunes a viernes, de 10.30 a 15; los sábados y los fines de mes se extendía hasta las 16 y en los feriados abría de 9 a 11 para que pudiese operar la Caja de Ahorros.
        Además de las actividades propias de toda institución bancaria, desarrollaba otras anunciadas de la siguiente manera: “Compra, vende, edifica y alquila propiedades”. Era lo que precisaba Gualeguaychú, y por eso estaba llamado a participar activamente en el progreso de la ciudad. Corrían épocas en que la prestación bancaria constituía una palanca de desarrollo, porque facilitaba capitales al comercio y a otras actividades que estimulaban la economía. Lo cierto es que el dinero comenzó a circular por diferentes manos, pues el Banco Territorial aumentó la velocidad de esta circulación.
        Era sabido que al frente de la institución había directivos honestos y competentes, por lo que se esperaba una gestión favorable con resultados satisfactorios. En septiembre de ese mismo año publicita la tasa de los intereses que cobra y abona por depósitos en caja de ahorros, tomando desde un peso hasta mil y por adelantos en cuenta corriente. A pocos meses de su apertura, la entidad operaba en todas las áreas y extendía giros sobre cualquier punto de Italia.

La primera Asamblea General Ordinaria
        El primer ejercicio cerró el 31 de diciembre de 1890; la asamblea fue citada para el 18 de enero de 1891, en las oficinas de la Colonizadora Entre-Riana, sita en Urquiza 199, para considerar la memoria y el balance ─desde la fundación hasta el cierre del citado ejercicio─ y la propuesta de distribuir dividendos del diez por ciento en efectivo. Ambos asuntos se aprobaron por unanimidad. Estos resultados demuestran la excelente gestión del Banco y la importancia de las operaciones realizadas en muy poco tiempo. Quienes le habían confiado sus intereses quedaron muy satisfechos con las utilidades percibidas.
        El estado contable fue suscripto por el gerente don Antonio Daneri, el presidente Víctor Vilar y el secretario don Antonio Font. Certificó el balance el contador Pablo Daneri y prestó su conformidad y aconsejó su aprobación el síndico don Alfredo Elías.

Actividad en 1891
        Luego de la asamblea, la institución siguió funcionando a pleno y desarrolló una beneficioso plan financiero para el crecimiento de la ciudad, a través del aumento de la clientela y de la incorporación de nuevos servicios.
        El 3 de abril de 1891 suprimió la atención al público los feriados y domingos, y modificó las tasas de intereses activos y pasivos. Durante este período se intensificaron las operaciones inmobiliarias y las correspondientes a la construcción y se realizaron inversiones destinadas al bien común, como es el caso del “tranway” y del alumbrado público de gas en la ciudad. Desde luego, esto no impidió que prestara un importante servicio financiero a todos sus clientes y que actuara como intermediario en la colocación de los capitales confiados a su manejo, destinados primordialmente a financiar el crecimiento económico que tanto se necesitaba.

Nuevos embates contra el Banco
        En 1890, el clima político se enrareció con motivo de las elecciones municipales, a realizarse el primer domingo de diciembre para suceder al intendente don Máximo Chichizola, cuya reelección se pretendía después de un excelente mandato. Así surgieron fuertes divergencias que pronto derivaron en agresiones políticas ─al principio a través de la prensa─; y luego, en conflictos sociales hasta desembocar en enfrentamientos en los atrios donde hubo gente armada.(11)
        Ese año se publicaban en Gualeguaychú seis periódicos con fuertes posiciones partidarias;(12) dos de ellos ─que aumentaron las disputas─ injuriaban al Banco Territorial y a sus funcionarios y directores, especialmente a don Antonio Daneri, que gestionaba entonces el “tranway”, y también a funcionarios municipales, a quienes acusaban de que la concesión del alumbrado se había efectuado cuando se encontraban al frente de la Municipalidad.
        La verdad era otra: el 26 de octubre de 1887, la Municipalidad contrató el servicio de alumbrado de gas con el Sr. Benito Pellerano a quien le otorgó la concesión; esta fue vendida al Sr. Jaime Vieyra, que posteriormente la vendió al Banco Territorial Gualeguaychú, pero el contrato fue celebrado cuando aún no se había formado la sociedad que creó el Banco.(13) El enredo se produjo a raíz de que la institución bancaria había pedido al Municipio una prórroga para el funcionamiento del gas domiciliario porque no había finalizado la obra; la solicitud fue acordada.

La segunda Asamblea General
        Se realizó el domingo 14 de febrero, en el local de la Colonizadora Entre – Riana, para considerar la memoria y el balance cerrados el 31 de diciembre de 1891, y la distribución de los dividendos en efectivo “para repartirse entre los accionistas”. Pero ellos no fueron los únicos beneficiarios: la usina de gas estaba en marcha para el bienestar de la población y se estableció el tranway, cuya administración quedó a cargo de Antonio Daneri.(14) Además, los pequeños agricultores pudieron adquirir una modesta y confortable casa habitación, construida por el Banco Territorial a muy bajo precio y con reducida amortización y bajo interés.
    La memoria y el balance, aprobados por unanimidad, llamaron la atención de un cronista que comenta “el poder del crédito cuando es manejado por manos hábiles y honradas, cuando su distribución equitativa responde a fines nobles y elevados y el resultado de sus operaciones solo tiene por norma el bien que a su derredor desparrama”.(15)
        Según la memoria, el año anterior (1891), se habían vendido cuatro propiedades con las cuales el Banco a más de sacar el capital, los intereses y gastos, había recibido “todavía una pequeña utilidad que en plena crisis es un hecho fenomenal”. Asimismo destaca que el movimiento de caja de ese año casi ha superado al anterior (1890).
        Un hecho auspicioso y de madurez empresaria mostró que de la suma destinada a dividendos en efectivo, la asamblea había resuelto capitalizar el 80% ─que correspondería a un dividendo en efectivo del 8% sobre el capital accionario─ y solo entregar a los accionistas el 20 % restante y la buena concesión de los créditos que no señalase la existencia de incobrables.

Influencia de la política Municipal
        El 31 de diciembre de 1890 venció el mandato del intendente Máximo Chichizola sin que se hubieran podido realizar elecciones para elegir su reemplazante. Eso motivó que el poder ejecutivo provincial, el 30 de diciembre dictara un decreto nombrando una Comisión Municipal Provisoria para que se hiciera cargo de la municipalidad de Gualeguaychú hasta tanto el pueblo convocar a nuevos comicios. Son designados los señores: Sixto D. Neyra, Alfredo Elías, Pastor Britos, Juan Etchebarne, y Ramón Goyri. Los dos últimos no aceptaronpor las circunstancias que se vivían en la ciudad El vecindario que tan alarmado se encontraba con los rumores que se esparcían y que hacían presentir escenas dolorosas recibió la noticia con gran satisfacción. “la única también que desarma el brazo de los que estaban prontos a recurrir a las vías de hecho, en la creencia que de entre los charcos de sangre, se levantaría la responsabilidad de los que debían ocupar los principales puestos del gobierno comunal”. (16)
        El peligro desapareció por completo y el pueblo puedo libremente entregarse a sus expansiones sin temor de ser molestado.
        El 1 de enero de 1891 se hizo cargo de la municipalidad la Comisión Municipal provisoria, con las mismas facultades que un intendentes y Concejo Deliberante integrada por los ya nombrados: señores Pastor Britos, Alfredo Elías y Sixto Neyra. Hubo en ese entonces una clara división y enfrentamiento entre Clavarinistas y masonistas. Los primeros, llenos de pasiones y envidia con la intención de dejar sin efecto todo lo realizado en las anteriores gestiones municipales., principalmente las resoluciones tomadas respecto del contrato de suministro con el Banco Territorial. Como no podían disimular su ofuscación querían revocarlas.

Las elecciones de 1891
       Ejecutando su plan cedieron al Dr. Enrique Masón la intendencia para quedarse con las concejalías, con una amplia mayoría que les permitiría dominar las decisiones políticas municipales. Estaban seguros que les iba a resultar muy fácil desprenderse del doctor Enrique Mason y ocupar su cargo.
    Entre los miembros de la corporación municipal existía una profunda división. No fue necesario esperar, muy pronto y tal como lo vaticinara “los Principios” se oyeron conceptos muy desfavorables hacia el Dr. Masón como presidente de la municipalidad proferidas por uno de sus más fervientes admiradores y decidido partidario en los comicios de diciembre, miembro del Concejo Deliberante y director del periódico “El Noticiero” nos referimos al Sr. Inocencio Furques.(17)
        Destacaba que el presidente nada había hecho, de lo cual surgía que tampoco los concejales
        Muchos de los que lo habían votado se arrepintieron y hubo indignación pública que se hizo sentir.
       Los “clavarinistas” tenían la mayoría y asumieron sus cargos decididos a seguir su estrategia y dejar sin efecto todo lo que habían hecho las anteriores administraciones y pronto sacarse de encima al intendente. Las razones de nada sirvieron porque eran contrarias a la consignas que se habían fijado.(18)

Ataque al Banco Territorial Gualeguaychú
        Un insólito atentado comete la municipalidad contra el Banco Territorial y la empresa de gas por la ofuscación de los seis miembros del Concejo Deliberante, víctimas de sus bajas pasiones al revisar la prórroga concedida el año anterior. Un suelto periodístico así lo afirma al decir. “El inaudito atentado de la municipalidad contra la empresa de gas que representa los intereses del pueblo se ha consumado al fin”(19) No han querido considerar que esa empresa formada con capitales de la localidad de donde son casi la totalidad de los accionistas con cuyo comercio tiene amplias vinculaciones por su negocio de banco debía merecerles la concesión de la prórroga solicitada teniendo en cuenta la mala situación financiera del país”.(20)
     En otro comentario titulado “Nihilistas locales” se expresaba así: “Así podemos llamar a los concejales que torciendo el orden de los procedimientos, llevados de su mal instinto y guiados por mezquinos intereses y sin discutir las atribuciones de la comisión que funcionó en los siete primeros meses del año ppdo., pretenden de derogar o sea desconocer el derecho que esta acordó al Banco Territorial la prórroga que solicitó para dar terminada la instalación de la usina del Gas”.(21)
        El banco Territorial no había solicitado una nueva prórroga. Se refieren a la que el año anterior fuera concedida por la Comisión Municipal, que querían revocarla para aplicar una multa de 500 pesos mensuales, desde la fecha en que debía entregarse la obra, y además sostenían que el precio a cobrar por el servicio de Gas era “alto impuesto” que el pueblo no podría soportar.
        Mientras tanto el Banco Territorial seguía su actividad bienhechora, principalmente colaborando con la realización de obras públicas. Especialmente nos queda grabado la empresa de tranway que, como veremos próximamente favoreció la recreación de los vecinos y por supuesto mejoró el transporte urbano.
        En un debate que se suscitó al poco tiempo de asumir los cargos, “se revelaron las pasiones por tanto tiempo estaban comprimidas, en que se han hecho cargos a las administraciones anteriores de las cuales formaron parte varios de los que hoy actúan como concejales”.(22) En ese debate no hubo calma, ni la razón fría y desapasionada que hubieran suprimido rencor y enemistades que existían y que renacieron.
        Pronto se hicieron conocer dos resoluciones dictadas con ligereza por el Concejo Deliberante municipal que puso de manifiesto el acuerdo de camarilla que tenían para resolver ciertas cuestiones.
            En esas resoluciones que derogaban la de anteriores administraciones habían participado alguno de ellos. Al momento de resolver imperaba el animadversión y el resentimiento, la razón estaba ausente.

El asunto del Gas
      En el asunto del gas se produjo una profunda escisión entre los que habían llegado juntos a la cumbre del poder local. Nada podía cambiar las consignas que se habían fijado los partidarios de Clavarino. Ellos lo tenían definitivamente resuelto antes de su tratamiento y se votó por la aprobación del dictamen de la Comisión de hacienda con mucha precipitación, para que no se la analizara, sin esperar que regresara el doctor Mason que estaba enfermo.
        Los que votaron por la aprobación del dictamen sobre el asunto del gas son los mismos que tratan de hostilizar al Banco Territorial Gualeguaychú señores: Gustavo De Deken, Luis Clavarino, Inocencio. Furques, Máximo Nuñez, Martinez e Hipólito Labarthe.
       De este grupo los que llevan la batuta y dirigen el tema son los tres primeros, empecinados en presentar el contrato como ruinoso para la población. Los demás se quejan de esa trinidad no hacen ni inician nada bueno. Se los creía personas inteligentes y de quienes se podía esperar mucho y bueno. Es razón llevó al periodista a afirmar que era bueno que dieran sus nombres para que la población y los accionistas del banco conocieran, como votaban y quienes eran.(23)

Convenio con la Municipalidad
        El banco territorial agotó a todas las instancias legales para mantener la vigencia de la resolución que le concedió la prórroga para la terminación de la obra para el suministro del gas.
        La cuestión pendiente entre la empresa y la municipalidad eran la multa que se le impuso a aquella por demoras en el cumplimiento del contrato, puede considerarse satisfactoriamente solucionada, faltando solo que el Concejo Deliberante apruebe el convenio. En virtud del arreglo alcanzado la tarifa de la empresa sufre una importante rebaja hasta tal punto que el alumbrado a gas vendría a costar muy poco más que la defectuosa a kerosene. Sólo basta que sea aprobado por el Concejo deliberante.(24)
        El convenio aprobado, con algunas modificaciones que le introdujo el C.D., fue llevado a escritura pública.(25)
        El comienzo del alumbrado a gas en Gualeguaychú se produjo el 24 de enero de 1894, durante la intendencia de don Francisco Campi.
        La empresa de gas fue un honor para Gualeguaychú, no sólo por representar un progreso de gran importancia, sino porque se hizo con capitales locales que prueba que hay hombres emprendedores que tienen fe en el porvenir de esta ciudad y que no vacilan en emplear su dinero en obras para el progreso.

Liquidación
        Finiquitadas dos obras importantes como lo fueron el tranway las construcción de la usina de gas para el alumbrado público el Banco Territorial decide su liquidación en el año 1896 el directorio es nombrado en comisión liquidadora. En las convocatorias a asamblea general ordinaria durante los años 1897 y 1898 se somete a consideración la memoria y el estado de la liquidación.(26)

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NOTAS
(1) La caída del precio de los productos que se exportaban, el endeudamiento externo, las emisiones continuas del papel moneda y la pérdida de valor del signo monetario provocaron inflación. Se vendía barato y se compraba caro.
(2) El 3 de noviembre de 1887, el Gobierno sancionó la Ley de Bancos Nacionales Garantidos que autorizaba a entidades a emitir billetes a cambio de realizar un depósito en oro en el Tesoro Nacional; por el que se entregaban títulos públicos contra los que la entidad bancaria emitía moneda. La irresponsabilidad fiscal y la desmesurada emisión dispararon inflación. Este festival de emisiones provinciales y privadas se detuvo recién en 1890, cuando Carlos Pellegrini estableció una Caja de Conversión.
(3) La Sentinella, Año II, N° 109, Gualeguaychú, 8 de Julio de 1889, p. 1, cols. 1y 2.
(4) Conf. La Sentinella, Año II, Nº 121, Gualeguaychú, 19 de agosto de 1889, p. 2, col. 2.
(5) La Sentinella, Año II, N° 129, Gualeguaychú, 22 de agosto de 1889, p. 2, col. 2.
(6) PIAGGIO, Enrique Ángel, Evocaciones del Ayer, Gualeguaychú, Talleres Gráficos Rojas & Bogliacibo, 1996. p. 27.
(7) La Sentinella, Año II, N° 112, Gualeguaychú, 18 de julio de 1889, p. 2, col. 4.
(8) Ídem, N° 118, Gualeguaychú , 8 agosto de 1890.
(9) Piaggio, Enrique Ángel, Evocaciones del ayer, Gualeguaychú, Talleres Gráficos Rojas & Bogliacino, 1996, pp. 5 y 6.
(10) La Sentinella, N° 269, Gualeguaychú, 12 de febrero de 1890.
(11) Nota: Por la importancia que asignamos a esas elecciones y por su vinculación con la política provincial y nacional, en una de nuestras próximas entregas nos referiremos especialmente a ellas.
(12) Se publicaban El Noticiero, La Sentinella, Los Principios, El Municipal, La Idea y La Reforma.
(13) Los Principios, N° 508, Gualeguaychú, 26 de enero de 1892, p. 1. col. 2.
(14) Nota: La historia del tranway, como la de la usina de gas y los problemas políticos electorales ya mencionados serán tratados –por separado– en entregas posteriores.
(15) Los Principios, N° 520, Gualeguaychú, 15 de marzo de 1892.
(16) La Sentinella - Año III - Nº 269 - Jueves 12 de Febrero de 1891 (Pág. 1 / Col 1, 2 y 3 ) y Nº 258 - 1º de Enero de 1891, Págs. 1 / Col. 2 y Pág. 2/ Col. 1.
(17) Los Principios. N° 532; Abril 29 de 1892, Pág. 1/ Col.1.
(18) N° 511 Febrero 9i de 1892.
(19) Los Principios – N° 512 , febrero 12 de 1892 (Pág. 1/ Col 2 y 3).
(20) Ídem.
(21) Ídem N° 513 Febrero 16 de 1892, (Pág. 1/ Col. 2).
(22) Los Principios. N° 511 – Febrero 9 de 1892.
(23) Ídem. N° 512, febrero 12 de 1892. (Pág. 1/ Col. 4).
(24) La Sentinella. N° 558 , Lunes 8 de enero de 1894, (Pág. 1/ Col. 1).
(25) Ídem. N° 581 Lunes 2 de Abril de 1895.
(26) Los Principios. N° 1051 Julio 17 de 1897 y N° 1094 del 5 de julio de 1898 (Pág. 3/ Col 1).


Para citar este artículo:
Daroca, H. (2017). "Banco Territorial Gualeguaychú" en El Argentino, 3 y 10 de diciembre. Disponible en línea: https://hugodaroca.blogspot.com/2015/12/banco-territorial-gualeguaychu.html

BANCO COMERCIAL

Por Hugo Daroca


El empobrecimiento general de la provincia, como consecuencia de la guerra civil que se librara en pos de la unión nacional en la década de 1860, y el conflicto que en gran escala se suscitó en 1865 con la guerra al Paraguay, restó capitales que financiaran el comercio de la producción e impidieron la compra de bienes del exterior, tan ansiados por la población y necesarios para la incipiente industria. Gualeguaychú fue la ciudad que más lo sintió, especialmente por la liquidación ─entre los años 1867 y 1869─ de los dos bancos locales: José Benítez e hijo y Domingo Garbino, que trajo como consecuencia que la comunidad se quedara sin ahorro local.
Por su parte, Entre Ríos no había logrado consolidar un buen sistema bancario que acumulara capitales y mediara financieramente en las operaciones comerciales, especialmente las de importación y exportación. Asimismo, el estado provincial abandonó a Gualeguaychú a su propia suerte. Tampoco colaboró en conseguir la canalización del río ─a pesar de las reiteradas promesas del gobierno nacional de enviar una draga─, ni mejoró el puerto, a cuya paralización todo esto contribuyó.
Gualeguaychú no podía perder el prestigio ganado como el pueblo más comercial de la provincia, motivo por el que era reconocido en los grandes centros y mercados de la ribera del Plata y del Atlántico por su carácter progresista. Igualmente era reconocido por el gran movimiento de barcos con que operaba el puerto, hecho aprovechado por los comerciantes para sus negocios, pero también razón de numerosas iniciativas y proyectos que beneficiaron el crecimiento de la ciudad; y aunque el movimiento portuario se había perdido, era preciso luchar para recuperarlo. Recordemos que desde comienzos de la década de 1870, los buques de ultramar no podían entrar en el río Gualeguaychú y debían fondear en Fray Bentos. Para remediar todos estos males y para que el comercio y la industria volvieran a florecer, nada mejor que asociarse y fundar una entidad bancaria que, ejerciendo un rol financiero en la intermediación, facilitara fondos a bajo interés, tal como lo habían hecho los comerciantes de Gualeguaychú, en 1860, con la fundación de la Sociedad de Cambios, Emisión, Descuentos y Depósitos. (1)
Atentos a recomendar o principalmente a favorecer cualquier iniciativa progresista, los directivos del Recreo Argentino ─que siempre se mostraron preocupados por los acontecimientos que tenían lugar en Gualeguaychú─ propusieron la creación de un banco. Fue en 1869, durante la presidencia de don Pastor Britos, a quien acompañaban el vicepresidente don Eduardo Barañao, el secretario Cipriano Pons y el tesorero Oscar Elías; directivos y socios del Recreo Argentino que expresaron: “De allí hemos visto partir la idea de la formación de una casa bancaria cuyos promotores han celebrado en su local unas sesiones”tal como lo testimonia el periódico El País. (2)
Desde el principio, la iniciativa contó con el decidido apoyo de este periódico, que con preferencia trató los trabajos que se llevaban a cabo para la fundación del banco, al que denominaron El Comercial, y fue en los salones de la Sociedad Recreo Argentino ─lugar de reunión de la comisión organizadora de la entidad bancaria─ donde surgió la idea y se desarrolló.
 Los comerciantes y el pueblo fueron invitados a participar y a suscribir el capital necesario para su creación. Al igual que en 1860, se logró un amplio apoyo popular, por lo que casi de inmediato se suscribió una importante suma que cubrió el capital emitido. Por esta razón, poco tiempo después se agregó el aditamento que completó el nombre. Este fue el comienzo del Banco Comercial del Pueblo. Y como el periodismo reclamaba que había que triplicar el capital, por eso llama a la población a tomar conciencia. De allí el interés positivo en el establecimiento de esta institución para el desarrollo de nuestra industria y el desenvolvimiento del comercio que se perjudicaba por el faltante de crédito.
Al referirse al tema, dice el padre Borques: (3)

“El País además se ocupó del Banco Benítez e hijo, que fundó en esta ciudad don Apolinario Benítez. Y con preferencia trató de los trabajos del Banco Comercial, que hubo de fundarse aquí por iniciativa popular, con capitales propios de nuestros hombres de comercio y sin intervención activa del gobierno. La comisión organizadora se reunía y celebraba sesiones en los salones del Recreo Argentino. Y coma se tenían ya preparados los estatutos, suscrita una lista de accionistas y 1200 onzas de oro, era la cantidad que montaba el capital con que se contó en los primeros días de principiarse los trabajos preliminares. Pero todos estos planes se desbarataron con la guerra de 1870, como igualmente tantos otros proyectos o síntomas de progreso que se evaporaron por esa misma causa”.

Como aquí se destaca, en la sede del Recreo Argentino se prepararon los estatutos, y uno de sus adherentes fue el señor Domingo Garbino, que en ese momento estaba en trámite de liquidar su banco.
 El Banco Comercial se encontraba listo, pero el asesinato del general Urquiza y la guerra librada en la Provincia impidieron su apertura. Además, se produjo una división entre los integrantes del Recreo: algunos se incorporaron como voluntarios en la fuerza militar dirigida por el general Ricardo López Jordán, basta citar a José O. Fernández (Lanza Brava), socio fundador que ocupó el cargo de comandante de las fuerzas del Departamento Gualeguaychú; en cambio otros, como el escribano José María Méndez ─también fundador─ ingresó en el Batallón 15 de Abril, donde alcanzó el grado de capitán. Consideramos que el Banco Comercial del Pueblo no abrió por el enfrentamiento armado, que no solo hizo temer saqueos, sino que además menoscabó el “afecto societatis” entre sus integrantes, quienes pasaron a tener muy distintos puntos de vista políticos.
Superados los hechos bélicos y ya en 1871, se implantó nuevamente la convicción de que Gualeguaychú necesitaba una entidad bancaria y de que para ello nada era mejor que proceder a la apertura del Banco Comercial del Pueblo. Por medio de un periódico (4) de ese año se hizo una convocatoria en estos términos:

 “Se convoca a una reunión a todos los SS. que se suscribieron con acciones para la fundación de un ‘Banco del Pueblo’ con el objeto de darles cuenta de los trabajos realizados y de llevar adelante tan útil y necesario pensamiento”.

La reunión tendría lugar en la Sociedad Recreo Argentina. Pocos días después el mismo periódico (5) insiste en que para mantener el prestigio de Gualeguaychú debe procederse a la fundación del banco que contaba con lo principal: el capital necesario ─que fácilmente podría triplicarse─ y el apoyo popular ─ya que todos estaban dispuestos a protegerlo─. Razones, aduce el periódico, por lo que era necesario un encuentro para concretar esa realidad palpitante.
 No sabemos por qué el Banco Comercial del Pueblo no abrió sus puertas, ni qué inconveniente se lo impidió en momentos de gran entusiasmo y con todos los recaudos tomados al respecto.

Nuevo Banco Comercial

 En el año 1889 se insiste en la idea de instalar el Banco Comercial, esta vez bajo la denominación de Nuevo Banco Comercial. (6) Se eligió un directorio que distribuyó los estatutos, se formaron comisiones encargadas de la suscripción de acciones y se designaron varias oficinas para realizar este trámite. (7)
Sus promotores no lograron ganarle la pulseada al Banco Territorial ─dirigido por don Antonio Daneri─ y desistieron de la idea. A esta nueva entidad nos referiremos en nuestra próxima entrega de la “historia de los bancos de Gualeguaychú”.


NOTAS

(1) DAROCA, Hugo. “La Sociedad de Cambios, Emisión, Descuentos y Depósitos”. El Argentino, 2 de noviembre de 2014.
(2) El País, 10 de marzo de 1870.
(3) BORQUES, Juan Carlos... Ensayos Históricos sobre el Periodismo de Gualeguaychú. Gualeguaychú, Imprenta Gualeguaychú, p. 181.
(4) BORQUES, Juan Carlos... Ensayos Históricos sobre el Periodismo de Gualeguaychú. Gualeguaychú, Imprenta Gualeguaychú, p. 181.
(5) Ibid. 26 octubre de 1871.
(6) La Sentinella. Año II, Nº 12, 15 de agosto de 1889.
(7) Ibid. Año II, Nº 12. 22 de agosto de 188, p. 2, col. 2.


Para citar este artículo: Daroca, H. (2015). "Banco comercial". Disponible en línea: 
https://hugodaroca.blogspot.com/2015/12/historia-de-los-bancos-de-gualeguaychu_21.html

EL BANCO "JOSÉ BENÍTEZ E HIJO"

Por Hugo Daroca

Publicado en Centro de Genealogía de Entre Ríos, nro. XVIII, 2015


Fundación

El tercer banco que funcionara en Gualeguaychú fue el de “José Benítez e Hijo”. Fundado por Apolinario José Benítez, (1) comerciante, propietario de un saladero, industrial y financista, quien realizó los trámites para obtener la autorización. La razón social que propone es “JOSÉ BENÍTEZ E HIJO” en homenaje a su padre, fallecido años antes, y que fuera conocido como “el portugués”, nacido en Lisboa, Portugal, quien se estableció en la provincia de Entre Ríos hacia 1830.
José Benítez fue un importante comerciante y hacendado. Había contraído matrimonio con doña Rosario Echazarreta, y falleció en Gualeguaychú el 28 de junio de 1862, con los auxilios espirituales del párroco don Vicente Martínez. (2) El fundador del banco D. Apolinario Benítez había nacido en Gualeguaychú en julio de 1835. (3) Falleció en Buenos Aires el 3 de noviembre de 1884 a la edad de 49 años.
La historiadora María Amalia Duarte, (4) miembro de la Academia Nacional de la Historia dijo: 

“Apolinario Benítez era un entrerriano “semi porteño”, elegante, sociable, financista político, actuaba en las altas esferas de Buenos Aires”. Estaba “Relacionado con los ministros Vélez Sarfield y Martín de Gainza. Era distinguido por el presidente. En efecto, fue a él a quien se dirigió Sarmiento en cuanto se enteró de la muerte de Urquiza congratulándose de que estuviera en ese “momento supremo” en Gualeguaychú”.

    El 17 de abril de 1870 el presidente Sarmiento convocó a una reunión a los principales político del país en esos momentos y a los opositores. Concurrieron Mitre, Alsina, Quintana, Mármol, Carlos Tejedor y Rawson, Apolinario Benítez y otros más. (5)
Mientras que en política desempeñaba un papel de primer plano, Apolinario Benítez no olvidaba sus negocios.
En 1855, como masón, fue co-fundador de la Sociedad de Socorros Mutuos, la primea que se creara en el país e integró la primera comisión ejecutiva.
Hacendado, y financista de importancia. En 1857 estableció en Gualeguaychú un saladero de carne que llamó «Benítez Hermanos» con los que explotó diversos establecimientos dedicados a esa actividad en Entre Ríos y en el Uruguay.
En 1860 fue uno de los fundadores del Recreo Argentino abonando al contado la cuota que los fundadores se comprometieron a aportar para gastos de instalación e inauguración.
En noviembre de 1863 se asoció con el General Urquiza y otros vecinos para la construcción de un vapor para el servicio de Gualeguaychú.

Cambio en la política bancaria. Autorización a bancos privados

En 1863 quedaban circulando apenas $800 en billetes en la Confederación. “En octubre de ese mismo año el Congreso Nacional evacuando una consulta del gobierno de Entre Ríos, dispuso que las provincias podían establecer bancos de emisión sin que sus billetes tuvieran carácter de moneda nacional para el pago de contribuciones”. (6) Con esta autorización el gobierno de la Confederación modifica su política bancaria y autoriza la instalación y funcionamiento de bancos privados con facultades de emisión. Urquiza, entonces gobernador de Entre Ríos no ve inconveniente en que dichos billetes sean admitidos en las oficinas públicas, con cargo de dar cuenta a la legislatura.
Ante esa apertura legislativa de la Provincia de Entre Ríos don Apolinario José Benítez inicia trámites a fin de obtener autorización para establecer un Banco de Inversión, Emisión y Descuentos en Gualeguaychú. Se hace lugar al pedido el 3 de noviembre de 1866, mediante el decreto dictado en Concepción del Uruguay, (7) capital de la provincia que decía lo siguiente:

“Uruguay. Noviembre 3 de 1866. “Teniendo presente la solicitud elevada por el ciudadano don Apolinario Benítez y lo expuesto por el fiscal general, concédase la autorización que se pide para establecer en la ciudad de Gualeguaychú un banco de inversión y descuentos, bajo la razón de José Benítez y Cía. Quedando sujeto el interesado a las mismas condiciones con que se acordó igual al Banco Argentino respecto al fondo metálico que debe responder por los billetes emitidos, y en cuanto a hacer admitidos estos en las oficinas fiscales y demás privilegios que piden, solicítese oportunamente para acordarles la competente autorización de la honorable Cámara Legislativa. Notifíquese y repóngase los sellos Domínguez (Gobernador) Nicanor Molinas.

Apertura del banco “José Benítez e Hijo”

De inmediato, su fundador y propietario don Apolinario José Benítez abre el 10 de noviembre de 1866 las puertas del Banco en forma provisoria, comenzando a funcionar como banco de “inversión y descuentos” tal como lo facultó el decreto transcripto anteriormente.

A.    Como banco de inversión
Quedó autorizado a recibir monedas en depósito. Esos bienes que los individuos han renunciado consumir depositados en el banco se convierten en una gran ventaja para la sociedad. Pueden ser utilizados, es decir “invertidos” en el proceso productivo convirtiéndose en activos que al facilitarlos en préstamos pasan a ser bienes de capital para industrias, fábricas, herramientas e iniciativas. De esa manera alcanzaba Apolinario Benítez su anhelado propósito: movilizar los capitales para poder dar créditos a las empresas industriales y facilitar cualquier proyecto empresario tendiente a multiplicar la riqueza. El Banco Benítez, al aplicar el ahorro a la producción lo transformaba en capital. Benítez cumplía su anhelo, que era utilizar los metales y las monedas para la creación de nuevos comercios e industrias.

B.    Como banco de descuento
La operación de descuento es el préstamo que el banco concede a cambio de títulos de crédito a corto plazo. En ese tiempo, se utilizaban especialmente las letras de cambio. Del monto indicado en el propio título el banco deduce el interés que percibe, y ese es el monto que entrega al tomador. En la fecha de vencimiento indicada en el título el banco percibe del librador el total del importe consignado en la libranza. La diferencia es la ganancia del banco.
Instalación definitiva y licencia amplia.
El 1 de enero de 1867 se instala definitivamente el banco en el ángulo suroeste de la intersección de las calles 24 de Enero (hoy 25 de Mayo) y Colón (hoy Italia). Fue su gerente otro fundador del Recreo Argentino don Miguel Zamora. (8) El horario de atención al público era desde las 10 de la mañana hasta las quince de la tarde.
El 20 de Febrero de 1867 la Cámara Legislativa sanciona con fuerza de ley la licencia para su funcionamiento y las facultades concedidas al Banco Benítez mediante el decreto del 3 de noviembre de 1866. La ley fue promulgada el 27 de febrero de 1867 con la firma del Gobernador don Domínguez y el Ministro de José J. Sagastume. (9)
Disponía en el Art. 1º “Concédase al Banco “José Benítez é hijo”, establecido en Gualeguaychú los mismo privilegios acordados a los Bancos Entre Riano y Paraná, debiendo quedar sometido a la fiscalización y demás condiciones de seguridad impuestas a aquellos bancos por anteriores disposiciones”. Queda claro y prescripto por ley que el verdadero y único nombre es el citado en la ley o sea “José Benítez e hijo”.
Al considerar esta ley, el Padre Borques sostiene que el Banco se acogió a los mismos privilegios que se le habían otorgado a los demás bancos entrerrianos. (10) De allí que enseguida se imprimieron billetes litografiados en papel de seda. (11) Los de cinco pesos ($ 5.oo) llevaban el retrato del padre del fundador, o sea del “portugués”, que como dijimos había fallecido en el año 1862.
De acuerdo a las facultades otorgadas comenzó el desarrollo de las siguientes actividades:
a) Emisión de billetes: Como banco de emisión quedó autorizado a emitir billetes y ponerlos en circulación, distintos al papel moneda. Mediante esta operación de emisión el banco creó moneda y obtuvo fondos que se suman a los adquiridos mediante depósito. ¿Cómo hacía para introducir en la circulación los billetes el Banco Benítez? Partimos del hecho que la moneda metálica no se adapta a los pagos de cierta cantidad por la dificultad de su traslado y la inseguridad en el contenido de metales o peso. De allí nace la ventaja y demanda de los billetes de bancos, que los canjeaba por moneda metálica o de metales no acuñados. Este viene a ser un primer estadio en la función monetaria de los billetes del banco. Son más cómodos para los usuarios.
b) El segundo estadio: es el momento en que el banco, añade a los billetes que ya están en circulación por el canje referido, los que nacen de las operaciones activas que realiza. Especialmente en las de descuentos. En ese momento el banco de emisión actúa como banco de crédito.
En esa época provenían especialmente de los descuentos de letras de cambio o de cualquier otro título que se creaba en una transacción comercial. En los préstamos directos, la utilidad para el Banco Benítez estaba en el “Spread bancario”. Así se llama la diferencia entre las tasas pasivas que paga el banco a los depositantes y las activas que son las que cobra por los préstamos que realiza o adelantos transitorios en cuenta. También quedó facultado para introducir en el mercado títulos valores. En ese entonces denominados “notas bancarias”. Así se las conocía, y eran promesas de pago emitidas por un banco que podían utilizarse como medio de pago.
En consecuencia en el Banco Benítez los primeros billetes de banco emitidos quedaron respaldados por la moneda metálica por la que se cambiaban. Posteriormente se le agrega los que emitía con sustento sobre la base de las operaciones de descuento y quedaban respaldados por la mercadería vendida al deudor. Era como que si la mercadería fuera consignada en garantía. En un tercer estadio emitió billetes sin esos requisitos y contando solamente con el cumplimiento de un encaje bancario técnico.
Todos estos billetes eran “Convertibles”, es decir que su tenedor los podía “canjear” a la vista en el banco por la moneda metálica que representaban.

Impresión de los billetes

Ese mismo año 1867 don Apolinario Benítez encomendó a don Roberto Lange, propietario de la “Litografía San Martín”, ubicada en la calle San Martín Nº 1 de la ciudad de Buenos Aires el grabado, impresión y numeración de varias series de billetes en su imprenta. Debían imprimirse litografiados en papel de seda de excelente calidad. Los de cinco pesos ($ 5,00) llevarían el retrato del padre del fundador. Las diferentes series se identificaban con las letras del abecedario.
Una vez en tenencia de los billetes el banco: “José Benítez e Hijo” lanza su primera emisión. Los billetes de un peso venían en talonarios de tres ejemplares que se cortaban cuando se usaban, por lo que –ara un mejor control– el talonario quedaba en poder del banco.
Los billetes emitidos eran convertibles en moneda metálica en el mismo banco o en monedas de plata boliviana, que tenían un valor intrínseco, por ser de plata.
La mayoría de los billetes emitidos por Bancos particulares autorizados podían ser canjeados “a la vista” en el mismo banco por moneda de plata boliviana. Circularon ejemplares que llevaban al dorso “No a la vista” con la firma del gerente.
Con la primera emisión de 1867 no hubo industria, empresa, comerciante o profesional que no recibiera la mano amiga de este banco, posición de la que nunca abjuró el banquero Apolinario Benítez.

Empréstito al Gobierno de la Provincia

El 17 de octubre de 1867 se celebra entre el Ministro General de Gobierno y el banco “José Benítez é Hijo” un importante empréstito, que se aprueba por decreto del 31 de octubre de 1867 firmado por el Gobernador de la Provincia de Entre Ríos don José María Domínguez y refrendado por el Ministro don José J. Sagastume. (12) El préstamo debía abonarse al año siguiente. Para poder pagar el empréstito con el Banco Benítez tuvo que utilizar la mayor parte de las rentas de 1868, “de manera que cuando Urquiza inició su período gubernamental se encontró con que ya se habían invertido la mayor parte de las rentas que disponía la provincia para su año económico”. (13)
De inmediato el banco “José Benítez e hijo” logra despertar la confianza de todos los co-poblanos y empiezan a recibir depósitos. Los hombres de negocios aceptaron recibir billetes de banco como si fueran moneda metálica, la que les resultaba más práctico y en las transacciones de cierta importancia las preferían. Así fueron dejando sus pertenencias metálicas en custodia en el banco y comprender que debían usar su dinero por medio de la colocación en el banco amigo, al que tenían cerca y conocían a su dueño, en vez de dejarlo enterrado en un pozo que no les producía ninguna utilidad.
Supieron que el dinero o la moneda era un bien escaso y para usarlo y repartirlo se necesitaba una institución que entendiera como usarlo y especialmente saber cómo y en qué condiciones prestarlo, y también supieron que la mejor garantía que tenían era la solvencia de los deudores del Banco que cumplían puntualmente con sus obligaciones y esa capacidad solo la podía lograr un verdadero banquero como lo fue Apolinario Benítez.
El Banco Benítez consigue movilizar capitales que estaban ociosos y otorgarlos en créditos, con lo que promueve y moviliza industrias, comercios compra-ventas locales y lo realiza con personas conocidas de la zona. Aún para quienes no le necesitaran momentáneamente sabían que en caso de precisarlo lo tenían a su alcance y podían contar con una mano amiga.

La década de 1860 en Entre Ríos o en Gualeguaychú

Los años en que el banco Benítez se inserta en el mercado financiero, eran tiempos muy favorables para Entre Ríos. La fertilidad de sus tierras y la navegabilidad de sus ríos y “demás ventajas por su posición geográfica”,(14) que cubrían gran parte de su territorio eran importantes económicamente. Era la segunda provincia del país. La producción pecuaria aumentaba notablemente por la mejor calidad de los ganados y con ella la producción de carnes y lana y especialmente por el contacto con los mercados del exterior donde se remitían en su mayor cantidad. Durante estos años se vive lo que se llamó “la euforia de la lana”. En la provincia aumentan los establecimientos dedicados a la cría de ganado bovino, especialmente en el departamento de Gualeguaychú que se puebla de establecimiento dedicados a la cría de ganado ovino y la demanda de tierras hace que se duplique el valor de ellas”. (15)
En todo esto ayudó enormemente la fundación y crecimiento del banco: “José Benítez e hijo”. Se decía que “Entre Ríos era el lugar favorito de la República”. (16)
El espíritu progresista que anima a la provincia en la década del 60 reclama la existencia de mayor cantidad de moneda y especialmente de bancos, por el constante crecimiento de las exportaciones.

Solvencia y liquidez

Con el otorgamiento de créditos más baratos y las innovaciones en los modos de prestar dinero logra Benítez canalizar los metales y la moneda para la creación de nuevas industrias y empresas en un régimen eficiente de absoluta libertad y libre competencia.
De inmediato el banco “José Benítez e hijo” consigue despertar la confianza de los ciudadanos y los depósitos fluyen a sus arcas. Los hombres de negocios se acostumbraron a recibir “billetes de banco” como si fueran moneda metálica, y circularon en toda la provincia. El banco nombró agentes o representantes en varias ciudades, quienes se encargaron de concretar operaciones bancarias. Por su parte el banco siguió desempeñándose como agente de negocios de clientes que ya lo eran antes de su fundador, como el geólogo Martín de Moussy. (17)
El banco crecía amparado por el prestigio de su propietario que estaba comercialmente relacionado con los hacendados y los propietarios más ricos del sur de la Provincia de Entre Ríos. (18) Rápidamente alcanzó gran movimiento y numerosa clientela, a la par que aumentaba el servicio a varios tipos de operaciones. Asimismo, trabó circulación comercial con otros lejanos países facilitando de esa manera las transacciones comerciales y las necesidades de su numerosa clientela.
Es así que en los avisos publicados en el año 1872 se anunciaba: “en este establecimiento se dan letras de cambio sobre París, Burdeos, Amberes, Liverpool y Génova, y se dan también letras en plazas de menor importancia de Europa. También daba y tomaba letras sobre Montevideo, Buenos Aires y pueblos de Entre Ríos.”
Recibían dinero a premio o interés convencional y se descontaban letras, vales o pagarés de firmas conceptuadas a juicio de la gerencia.

Falsificación de billetes del Banco Benítez

Entre las series de billetes de banco mandadas a imprimir estaban las numeradas bajo la letra B y M de las que aparecieron algunos billetes circulando con la firma falsificada.
En diciembre de 1868 el mismo Roberto Lange denunció a la policía a un empleado de su establecimiento llamado Federico Shominger por andar circulando billetes falsos del banco Benítez de Gualeguaychú impresos en su litografía y pidió se lo aprehendiese para averiguar si los había robado cuando fue despedido de la casa.
Al ser interrogado Shominger contestó que había tomado cuatro billetes de 20 pesos bolivianos cada uno de dicho banco, los que cambió después de haberle puesto la firma semejante a la que tenían los buenos. Por estos hechos Shominger fue procesado y condenado por el juez del crimen de la provincia a dos años de presidio y a la indemnización de daños y perjuicios.
Esos billetes falsificados fueron presentados al banco y el señor Benítez los hizo abonar, no obstante lo notorio y evidente que resultaba a simple vista la falsificación de las firmas, y lo hizo para no perjudicar a sus clientes.

A. Demanda del Banco Benítez
Con estos antecedentes Apolinario Benítez se presenta ante el juez de sección nacional y demanda a don Roberto Lange para que le abone los importes de los billetes de la serie M que fueron falsificados y además la suma de $3000 por daños y perjuicios a destinarse a los hospitales de esta ciudad. Afirma que los billetes de la serie M falsificados, no tenían los talones por lo que debía decirse que habían sido sustraídos en la litografía durante la impresión. También era posible que los mismos hubieran sido impresos en forma duplicada.
Sostiene que de esa sustracción es responsable la litografía de Lange por cuanto en esta clase de negocios el litógrafo es responsable de la culpa levísima y asimismo civilmente responsable de todos los abusos que puedan cometer sus empleados, como sucedió con Shominger.
Por la sustracción, seguida de la falsificación, Apolinario José Benítez se vio obligado a pagar esos billetes adulterados para acallar la alarma que semejante hecho había suscitado entre su clientela.      
Lange contesta la demanda negando que la falsificación se hubiese hecho en su establecimiento y por su culpa. Reconoció que los billetes falsificados y que fueran presentados a juicio fueron impresos en su litografía. Asimismo Benítez demostró que los billetes falsificados los había abonado a la par con el testimonio de los testigos señores Cayetano Walls, Francisco Guerra y Asisclo Méndez, por lo que la responsabilidad de Lange debe extenderse hasta el valor escrito de la serie M.

B. La sentencia de primera instancia
El Juez Seccional Nacional Dr. Andrés Ugarriza dictó sentencia el 6 de diciembre de 1870 haciendo lugar a la demanda porque quedó probado que Lange no empleó la diligencia requerida por la naturaleza del negocio que había contraído con Benítez por lo que le es imputable el resultado de su negligencia, por haber depositado su confianza en un dependiente indigno de ella y haber guardado indebidamente en su poder los sobrantes que debió inutilizar.
Estima que el único daño probado y que resulta inmediatamente de la falsificación es el pago de los billetes falsificados y que habiéndose justificado por Benítez con las declaraciones de los testigos Cayetano Walls, Francisco Guerra, y Asisclo Méndez, vecinos de Gualeguaychú, que la conversión se hizo a la par, la responsabilidad de Lange debe extenderse hasta el valor escrito de la serie M. Por estos fundamentos falla: que debe condenar a D. Roberto Lange de acuerdo a los arts. 221 y 223 del Código de Comercio a pagar al demandante por razón de daños y perjuicios el valor escrito de la serie M el que deberá ser previamente liquidado por el actuario sin especial condenación en costas. Andrés Ugarriza. Juez Nacional.

C. Sentencia de la Corte Suprema de Justicia
Las dos partes apelaron la sentencia. El fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se dictó el 11 de julio de 1871. La corte consideró que la demanda contra don Roberto Lange se funda únicamente en la negligencia que se le imputa al momento de la impresión de los billetes Y que de la sustracción no se puede lógicamente deducir como consecuencia única la verdad de la imputación de la negligencia. Que los testigos afirman que mientras duró la impresión de los billetes el señor Lange vigiló atentamente y cuidó los billetes.
Y que ninguna participación se le ha comprobado a don Roberto Lange de los cuales la sustracción sola fue un acto preparatorio sin consecuencia alguna para los otros que son los que consumaron el delito de Federico Shominger y son los que causaron daño. Por esos fundamentos se revoca la sentencia y se rechaza la demanda interpuesta por don Apolinario Benítez. Firman como jueces de la Corte Suprema: Salvador María del Carril, Francisco Delgado, José Barros Pazos y Marcelino Ugarte. (19)

Funcionamiento exitoso del banco

Durante varios años el Banco Benítez actuó con mucho éxito. Fue el agente financiero de una importante zona de la provincia. Emitía letras de cambio sobre Europa, Montevideo, Buenos Aires y otros puntos del país.
En el año 1872 alcanzó su máximo desempeño. El intercambio comercial con otros países, especialmente con Europa requería de los servicios bancarios y para eso estaba el “Banco Benítez”. Es en este año que se hacen más profusos los avisos en los periódicos locales. (20) En ellos señalaban “que se realiza “todo acto comercial en la órbita de las operaciones bancarias”, y que se dan letras de cambio sobre París, Burdeos, Amberes, Liverpool y Génova, y se dan también pagaderas en plazas de menor importancia de Europa. Asimismo se dan y toman letras de cambio sobre Montevideo, Buenos Aires, y pueblos de la provincia de Entre Ríos.
En 1875 el Banco Benítez alcanza su máximo apogeo. Disponía de una gran clientela con relaciones crediticias estables y sólidas y la comunidad de Gualeguaychú contaba con un gran banquero que procuraba nuevas formas de prestar dinero para ayudar a los vendedores hasta que cobraran su mercadería y al adquirente hasta que pudiera vender y percibir él su precio. Siempre colaboraba y ayudaba.
Una operación constante era la intermediación en las cartas de crédito en las que avalaba el crédito que a los empresarios locales les otorgaban otros bancos, especialmente europeos para la importación de productos manufacturados, lo que generalmente realizaba a través de sus sucursales o agencias en el Havre y Amberes. Las grandes operaciones de crédito en esos mercados ponen de manifiesto la importancia y prestigio adquirida por el Banco Benítez.
En el orden local Apolinario Benítez tenía como criterio que el banco que nunca concedía un mal crédito no servía a la comunidad, por eso no ejecutó a sus deudores a quienes siempre les demostraba que les tenía fe para esperarlos. Especialmente evaluaba el carácter de ellos. Estaba dispuesto a proporcionar dinero a quienes le presentaban una buena idea y a correr un riesgo razonable. No quería que algo que podía ser no lo fuere por falta de crédito. En ocasiones él mismo participaba con aporte de capital para llevar adelante un proyecto.

COMIENZAN LAS DIFICULTADES
Los Bancos y la moneda durante la gobernación del Dr. Ramón Fabre.

El Dr. Ramón Febre fue electo y asumió la gobernación de Entre Ríos el 1 de mayo de 1875 hasta igual fecha de 1879.
El empobrecimiento general de la provincia como consecuencia de la guerra civil dificultaba la obra del gobernador que pretendía crear condiciones para aumentar la producción.
De inmediato promueve reformas financieras y de política bancaria persecutorias de la banca privada, y que afectan especialmente al Banco Benítez. El déficit fiscal y la necesidad de recursos lo persuade que emitiendo moneda solucionaría rápidamente los problemas del presupuesto sin costo, y para ello la banca privada era un obstáculo que había que eliminar del mercado financiero.
A los pocos días de asumir, el 24 de mayo de 1875 se dicta una ley que autoriza al gobierno la creación de billetes de tesorería convertibles a la vista con más ventajas que las que tenían los billetes de banco y a quienes comienzan a crearles dificultades.
Por ley del 10 de febrero de 1876 el gobierno de Febre prohíbe que “desde la promulgación de la presente ley los bancos establecidos en la provincia no podrán emitir notas por un valor menor de cinco pesos fuertes”. Pero lo bárbaro de la ley es que en el Art. 2º estableció que desde la misma fecha darán principio a la conversión o sustitución de la emisión que tengan en circulación, desde la fracción más pequeña hasta la de cinco pesos bolivianos inclusive, “debiendo quedar esta operación totalmente terminada dentro de 70 días”. En el colmo del autoritarismo y afán de extinguir el banco Benítez en el Art. 4º se autoriza asimismo que: “Mientras no se establezca el banco de la provincia, el P. E. dispondrá de una emisión de billetes del tesoro por una cantidad que no exceda de 800.000.-pesos fuertes. Desde la fracción más pequeña hasta la de cuatro pesos fuertes”. (21) Esta arbitraria medida le quita las transacciones con las que más operaba el Banco Benítez con una medida carente de toda racionabilidad, sin sustento jurídico, y que le arroga al propio estado provincial la facultad de emitir moneda y obtener con ella todos los recursos que quiera disponer sin control alguno. Por el contrario, le otorga a los bancos privados el exiguo plazo de 70 días para convertir y sustituir esa emisión menor.
Recordemos que cuando el gobierno nacional declaró rebelde y traidores a los asesinos del libertador General Urquiza, Apolinario José Benítez fue nombrado por el P.E. Nacional gobernador provisorio de Entré Ríos, cargo que no aceptó porque esa designación serviría para que los rebeldes lo siguieran llamando traidor como lo hacían. Poco después acepta la designación como comisionado nacional, y asume la dirección del ejército nacional, el que comienza a estar bien racionado, equipado y pago y especialmente lo dota de excelente caballada. Esas son las razones por las que es perseguido por el gobierno provincial de Ramón Febre, que promulgara esa ley inconsulta de conversión de billetes de banco. Ello arruinó su fortuna y perjudicó, contra su voluntad y costumbre, a las personas con quienes mantenía relaciones comerciales. (22)
Está ley merece las más acerbas críticas del periodismo, de opinión, quienes ven mal que el gobierno se meta a banquero y al mismo tiempo actúe como fiscal y juez de toda la actividad, sea de los bancos privados como de la propia ejerciendo tal rol. Así el periódico “El Chimborazo” en un suelto editorial que titulara “FÉ Y UNIÓN” (23) sostiene “Tal debe ser el lema sagrado de los patriotas, de los hombres de limpio corazón, de los ciudadanos que no han abdicado sus nobles creencias sacrificadas en aras de las conveniencias privadas con mengua de los intereses públicos. La fe sin ser superior a la razón ilustrada ni al recto criterio, no deben abandonarse en los momentos aciagos, en los momentos en que por donde quiera se encuentran gentes en la holganza pero sin trabajo”.
Más adelante, el articulista reprueba que el gobierno también asuma el rol de banquero, que emita notas al portador y a la vista, con el nombre de billetes de tesorería, siendo al mismo tiempo fiscal y juez de su emisión, mientras ejerce la policía y el decomiso en la emisión menor de los bancos particulares para proteger y fomentar la situación y eliminar la competencia.
El Banco “José Benítez e hijo” comienza a tener dificultades financieras. Tiempo después Apolinario Benítez presenta al gobierno de la provincia una propuesta que le posibilite un arreglo con los acreedores del Banco. Lo hizo por intermedio del Dr. Cipriano Pons. El gobierno aceptó en la parte referida a la emisión de billetes, por lo que ahora debía someterse a los demás acreedores, para quien publica una nota de Miguel V. Zamora aconsejando a los acreedores que aprueben la propuesta porque ello importa que los acreedores serán pagos íntegramente, ya que los hechos son consecuencia de sucesos desgraciados. (24)
Benítez continúa la lucha y en noviembre de 1876 se publica una comunicado haciendo saber que "debiendo procederse el 5 de diciembre al pago del primer dividendo destinado a la emisión, se previene que se hará la distribución con arreglo a la cantidad que hasta el 25 se hayan presentado” (25) Firmaban el aviso por el Banco Benítez los Sres. Cipriano Pons y Eleuterio F. Grané y por la comisión interventora los señores Elías Arambarri, Pastor Britos y Clemente Basavilbaso.
El 20 de mayo de 1876 se dicta una ley que crea el Banco de Entre Ríos, de emisión, descuentos hipotecas y depósitos, con un capital de cuatro millones de pesos fuertes dividido en veinte mil acciones, de las que dieciséis mil suscribirá el gobierno y las cuatro mil restantes, se colocarán entre particulares que tendrán un representante en el directorio. El banco no se instaló.
El 17 de mayo de 1877 se ordena por ley la liquidación de todas “las sociedades anónimas autorizadas por sus estatutos para emitir billetes pagaderos al portador y a la vista, así como las demás casas bancarias que usen de igual derecho, siempre que de sus balances resulte que sus activos son ampliamente bastante para cubrir su pasivo, serán liquidadas por sus directores o gerente.


Una ley monstruosa

La buena prensa que siempre existió en Gualeguaychú calificó a la ley que ordenaba la liquidación de los bancos privados como la ley monstruosa(26) Calificada así por lo arbitraria, y el modo intempestivo en que ordenó liquidar las sociedades anónimas y las casas bancarias autorizadas para emitir billetes pagaderos al portador y a la vista, así como las demás casas bancarias, que use de igual derecho por el decreto reglamentario de la misma ley. Consideraba que tanto una como la otra era un despropósito tan grande puesto que la legislatura y el gobierno se han creído autorizados para legislar sobre el ordenamiento civil y comercial, que es materia exclusiva del Congreso Nacional y por lo mismo sus disposiciones eran nulas y carecen de efecto.
Asimismo agregaba que si la ley del 17 de mayo se pone en vigencia cualquier perjudicado por la misma podría recurrir a la Corte Suprema de Justicia de la Nación a solicitar que se la declare y mandar que se haga efectivo lo que disponen los Códigos Civil y Comercial sobre liquidaciones de las sociedades en cuestión.
Por último, exhortaba a todos los ciudadanos que se considerasen afectados por esta monstruosa ley a peticionar ante las autoridades, en ejercicio de ese derecho solicitando la derogación de semejante ley. Agregaba que con una ley grotesca no hay comercio posible, caeríamos en el más espantoso descrédito, porque ella abre las puertas a una inmoral explotación poniendo a las casas bancarias libres de los jueces naturales que pueden compelerla a cumplir con sus compromisos.

Últimos pasos

Siempre anheló Benítez que los acreedores fueran pagados íntegramente, en el menor tiempo posible y causarles los menores perjuicios. Para ello dispuso la venta de sus bienes y el arrendamiento de otros. En un aviso fechado el 27 de diciembre de 1876 ofrece en venta terrenos de campo y semovientes. Una vez más lo hace pensando en sus acreedores a quienes les concede la ventaja de pagar compensando con créditos que tengan contra el banco. (27)
El viernes 20 de septiembre de 1878 obtiene del gobierno provincial un nuevo plazo de cuarenta días para que los acreedores de emisión y por cualquier otro título de esta liquidación presenten sus respectivos documentos a fin de proceder con ellos en la forma establecida.
Esta conducta que es una prueba más de su preocupación por que todos los acreedores cobraran. Está firmado el aviso en representación del banco por Cipriano Pons y por José A. de Urquiza como interventor oficial. (28)



NOTAS

(1) BORQUES Juan Carlos; “PERIODISMO DE GUALEGUAYCHÚ”. Pág. 181
(2) GRAS Mario César. “Familias de Gualeguaychú en “Centro de Genealogía de Entre Ríos”. Tomo I – Pág.50
(3) DAROCA Hugo; “Un socio fundador olvidado”. Diario “El Argentino” 20 de Febrero de 2011.
(4) DUARTE María Amalia; “Tiempos de Rebelión- 1870 - 1876” Tomo XX de la Historia Argentina y Americana editado por la Academia Nacional de la Historia Pág. 28, Artes Gráficas Santo Domingo S.A. Pepirí 1116 Buenos Aires – 15 de Mayo de 1988.
(5) CAMPOBASSI José S. “Sarmiento y su Época”, Tomo II – 1863/1868”- Pág. 259 – Editorial Losada- Talleres de Americale S.R.L. Tucumán 353- Buenos Aires.
(6) RATO DE SAMBUCETTI Susana I. “”Urquiza y Mauá – El Mercosur del siglo XIX”, Pág. 265 – Editorial Macchi Abril de 199 – Buenos Aires
(7) Recopilación de “LEYES, DECRETOS Y ACUERDOS de la PROVINCIA DE ENTRE RIOS          TOMO IXPÁG. 537. Imprenta de la Voz del Pueblo –Uruguay 1876.
(8) NOTA del día 1º de Enero de 1867. “Legado del Padre Borques” Archivo y Pinacoteca del Instituto Magnasco Gualeguaychú 1933.
(9) Recopilación de “LEYES, DECRETOS Y ACUERDOS de la PROVINCIA DE E.R. TOMO X P0ÁG.16 y 17.
(10) BORQUES Juan Carlos; “Historia del Periodismo”
(11) NOTA: La litografía es una técnica de impresión que consiste en reproducir a través de lo grabado o dibujado previamente en una piedra caliza. En términos más gráficos, la litografía es la estampación, especialmente en papel, que resulta de una matriz de piedra.
(12) Recopilación de “LEYES, DECRETOS Y ACUERDOS de la PROVINCIA DE ENTRE RIOS TOMO X-PÁG.136.
(13) DUARTE María Amelia, “Urquiza y López Jordán” Pág. 160 –Librería Editorial “Platero S. R. L Talcahuano 485 Buenos Aires 1974.
(14) SERRANO PEDRO, “Riqueza Entre Riana”, Pág. 5 – Concepción del Uruguay – Septiembre de 1851.
(15) DUARTE María Amalia. Ob. Cit. Pág. 158.
(16) SEYMOUR Richar Arthur “Un poblador de las Pampas” pág. 33 citado por María Amalia Duarte, ob. y pág. Citada.
(17) “CUADERNOS DE GUALEGUAYCHU” Nº 76 “Martín de Moussy y Gualeguaychú” Nati Sarrot en diario “El Argentino”
(18) DUARTE .Mará Amelia: “Tiempos de Rebelión” Ob. Cit. Pág. 28
(19) FALLOS DE LA CORTE SUPREMA,
(20) “EL REPUBLICANO”, AÑO HI – Nº 2 – Lunes 4 de Marzo de 1872 – PÄG. 4 – Hemeroteca del Instituto Magnasco.
(21) REULA Filiberto; “Historia de Entre Ríos” Tomo II – Pág. 91 Editorial Castellví S.A. 16 de Junio de 1869 – San Martín 2535 Santa Fe.
(22) “EL NOTICIERO”, Sábado 8 de Noviembre de 1884. PÁG. 1 Hemeroteca Biblioteca Sarmiento
(23) EL CHIMBORAZO” Año III- Nº 192 – 27 de Mayo de 1876 – Pág. 1 / Col 3 y 4. Hemeroteca Biblioteca Sarmiento
(24) “EL CHIMBORAZO” Nº 206 – 26 de Julio de 1876. Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.
(25) Ibidem Nº 237 – 15 de Noviembre de 1876.
(26) “EL TELÉGRAFO” – AÑO II, Nº 165 Viernes 25 de Mayo de 1877 - Pág. 1 / Col. 2,3 y 4. Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.
(27) “EL CHIMBORAZO” 6 de Enero de 1877- Nº 252 – Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.
(28) “EL TELÉGRAFO” Nº 329 20 DE Septiembre de 1878 – Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.



Para citar este artículo: Daroca, H. (2015). "El Banco 'José Benítez e hijo'", en Centro de Genealogía de Entre Ríos, nro. XIII. Buenos Aires: Centro de Genealogía de Entre Ríos. Disponible en línea: https://hugodaroca.blogspot.com/2015/12/historia-de-los-bancos-de-gualeguaychu.html



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