BARRIO COMERCIAL Y PASEO DE MODAS, GUALEGUAYCHÚ EN EL SIGLO XIX

Autor: Hugo Daroca.
Publicado en: Diario "El Argentino" el día 14 de diciembre de 2014.

El progreso de Gualeguaychú
En la década del setenta Gualeguaychú era uno de los pueblos más progresistas de la provincia. Sus adelantos no se ignoran y se valoran en el país.
Tienda "El Sol" de Juan Nágera
calles 25 de Mayo y Alberdi
Nada se debe a los gobernantes. Por el contrario el gobierno nacional retrasa permanentemente las obras. Las que debía ejecutar nunca se realizan. Pasaban décadas sin concretarse. Baste citar el caso de la canalización del río, el muelle y demás obras en el puerto. Pero Gualeguaychú progresa. A pesar de los obstáculos. Supo disimular los efectos que sufriera por la quiebra de los banqueros, y asimiló las pérdidas de capitales que absorbieron esos hechos. Superó las crisis comerciales que se sucedieron.
En 1872 se inician construcciones casi a diario. Comienzan a erigirse algunos edificios y se hacen numerosas casas habitación, bonitas y costosas. Los terrenos se cubren de mejoras. Esta actividad edilicia moderniza la planta urbana y a la vez provoca escasez de mano de obra.
La prensa plantea la necesidad de atraer a inmigrantes que vengan a trabajar en ese rubro y estén relacionados con el oficio. (1)
Entre las construcciones particulares se destacan las propiedades pertenecientes a Fudickar, Rébori, Isabel M de Acosta, Manuel Cepeda, Luis Clavarino y la perteneciente a la testamentería del General Urquiza. (2)
La municipalidad con escasos recursos contribuyó con creces al crecimiento de la ciudad, sin recurrir a empréstitos ni acumular deudas. Conscientes de que serían difíciles de pagar, empedró varias calles. A fines de 1877, se construyó el empedrado de las calles Bolívar y Del Plata. Con ellas Gualeguaychú contará con 56 arterias empedradas. Ninguna otra ciudad de la provincia ha alcanzado esa cantidad. (3)
También los comerciantes edifican. En especial amplían y modernizan sus locales. Las mejoras más notables la hacen en la decoración interior y en la presentación y exhibición de las mercaderías. Los frentes y vidrieras lucen más iluminados, más atractivos. Esto se advierte especialmente en los ubicados en el barrio comercial.

El barrio o centro comercial
Por calle Urquiza hacia el oeste - luego de pasar por las oficinas de “La Colonizadora”- al llegar a su intersección con calle Chacabuco, se encontraba el comercio más importante de la ciudad (ángulo sur-oeste). Nos referimos “Al Pobre Diablo”. Muchos lo llamaban El Pobre Diablo. Poseía en la esquina de enfrente, (ángulo nor-oeste) deposito, corralón y caballeriza, con carros destinados al reparto de las compras. Este comercio era propiedad de los señores Agustín Piaggio y Ángel Frávega.
En las mañanas de las jornadas laborales esas cuadras adquirían un ritmo intenso. Numerosas personas circulaban por el lugar. Muchos llegaban en carruajes a realizar sus compras. Prestos para trasladar los materiales o enseres adquiridos por sus propios medios.
Una noticia publicada en un periódico local anunció en Marzo de 1883 que “la casa del pobre diablo, de Piaggio y Frávega ha empezado a dar balance ayer. Se disuelve dicha sociedad, quedando una de ellos al frente” (4)
En Junio de 1883 se publica un aviso –tipo edicto- en el que se informa al comercio: “que ha sido disuelta la sociedad que giraba en esta plaza bajo la razón social de Piaggio y Frávega, quedando a cargo del activo y del pasivo el socio Agustín G. Piaggio por convenio celebrado el 1º de Mayo de 1883”. (5)
Siguiendo al oeste. Unos metros más adelante, en la mitad de cuadra -frente al edificio de la escuela “La Caridad” - Ángel Frávega, abrió a mediados de 1887 un comercio “con surtido general de ferretería, lozas y cristales y demás artículos de almacén..” (6)
En dirección al sur, en la esquina de calle 25 de Mayo (ángulo nor-oeste) estaba la tienda “El Turco” de Ángel F. Ríos que era la más surtida de esos años. Se decía que era “la verdadera ciudad de Londres de Gualeguaychú”. Casi haciendo cruz con esta –en 25 de Mayo- se encontraba la Ferretería de Luis Clavarino. También se ubicaba el Banco Territorial, de gran importancia al progreso de nuestra ciudad con su acertada administración.
Los vecinos conocían esta zona como “barrio del comercio”. Un cronista había propuesto que así se lo llamara. (7) Formaba parte de un circuito habitual para salir de paseo o de compras.
Si sorprendente era la actividad en las esquinas de “Al Pobre Diablo”, no le iba en zaga la de los comercios ubicados en esas cuadras de la 25 de Mayo.
La casa Frávega y Cía.- Ferretería y casa de ramos generales - se trasladó a 25 de Mayo y Ayacucho con el nombre de “La Liguria”. En la esquina estaba la ferretería y herrería de los señores José Bértora, Juan Bustelo y Daniel Boggiano que luego fue de Bértora y Bustelo. Y haciendo cruz a ésta, es decir, en el ángulo nor-oeste de las calles 25 de Mayo y Ayacucho se encontraba el almacén de Pablo Meduz.
En 25 de Mayo, entre Chacabuco y España, vereda Norte, en mitad de la cuadra, estaba el almacén de ramos generales de los señores Anselmo y Chichizola. En 25 de Mayo y Rocamora tuvo su comercio de tienda y almacén don Francisco Guerra, padre de la famosa pianista María Luisa Guerra.
A cierta hora, estas calles se convertían en un paseo de modas. Era el barrio o centro comercial. La mirada de los viandantes fluctuaba entre los objetos expuestos en las vidrieras y las bellas damas que por allí paseaban. El movimiento cambiaba según el día y horario.

Paseo de moda 
Este barrio tuvo su época de esplendor en el último cuarto del siglo XIX. La gente se acicalaba para recorrerlo, especialmente las damas que ingresaban a las tiendas que tenían prendas y accesorios de vestir. Existía un anhelo por estar a la moda.
El movimiento cobraba intensidad cerca de la noche. En los fines de semana era el paseo de las familias. Sobretodo, en los atardeceres de los domingos. De hecho, algunas tiendas pasaron a ser como un centro social de reunión, lugares de encuentro.
Un cronista narraba el paseo de modas así: “las bonitas y elegantes tiendas que tenemos en Gualeguaychú son el paseo de moda de nuestras bellas. Todas las noches visitan las tiendas un sin número de hermosas criaturas que con el pretexto de elegir telas y buscar adornos echan un párrafo con sus simpáticos dueños o risueños dependientes que todos se acaramelan en cumplidos y saludos cuando las ven.
Las tiendas predilectas de nuestras niñas son las de los señores Ríos y Cánepa, la de Medus y Dubosq, la de Máximo Núñez e hijos, las de Agustín G. Piaggio y la del viejito Nágera que con la sonrisa en los labios se esmera por atender a sus lindas compradoras que salen de allí exclamando: Nágera es muy condescendiente y tiene un gusto exquisito para traer surtido de telas y adornos y luego sabe idear perfectamente las combinaciones que vengan mejor para la confección de un rico y elegante vestido. No se puede negar. Nágera es un rubio simpático y conoce nuestros caprichos... como todos los casados”.
El cronista terminaba la nota con estas palabras: “Lo único que creemos hace falta en esas ricas tiendas es una media docena de sillas para que así estuvieran con más comodidad las bonitas visitantes .Esta indicación no la hacemos por nosotros sino por las niñas”. (8)
El cronista se refiere a la tienda “El Sol” de Juan Nágera. Se encontraba ubicada en el ángulo sur este de la intersección de las calles 25 de mayo y Alberdi, anteriormente Centro de América.
Su propietario fue quién denominó como “Villa Elegante” a Gualeguaychú. Contaba que vino a conocer esta ciudad atraído por su fama y tanto lo atrajo que resolvió quedarse a vivir.
Su hijo el famoso geólogo y geógrafo Don Juan José Nágera (9) se refería a la tienda de su padre como “la amable y social tienda “EL SOL” de Don Juan Nágera en coincidencia con la nota periodística transcripta ut supra.
En la tienda “El Sol” fue donde este notable científico llegó a la siguiente conclusión: “mis compatriotas de Gualeguaychú, que en entre otras muchas de sus virtudes se destaca la admiración por el bello sexo y cortesía, aplaudirán mis modestas palabras y el noble sentimiento que las inspira”. (10)


NOTAS:
(1) “El Orden” Nº 24 Domingo 9 de Febrero de 1873 – Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.
(2) “El Voto Libre” Nº 241 – Noviembre 18 de 1887. Hemeroteca Biblioteca Sarmiento
(3) “El Telégrafo” Nº 191 – Viernes 12 de Octubre de 1877 – Hemeroteca Biblioteca Sarmiento
(4) “El Noticiero” Nº 527 - Martes 27 de Marzo de 1883 – Hemeroteca Biblioteca Sarmiento
(5) “El Noticiero” Sábado 2 de Junio de 1883.
(6) “El Voto Libre” Nº 242 – Noviembre 22 de 1887. Hemeroteca Biblioteca Sarmiento.
(7) “El Voto Libre” – Octubre 24 de 1887- Hemeroteca de la Biblioteca Sarmiento.
(8) Idem.
(9) “Thomas de Rocamora” Pág. 6. Imprenta y Editora Coni, Perú 684.Buenos Aires 1958.
(10) Op.cit. Pág. 7

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