Mostrando entradas con la etiqueta batallón 15 de abril. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta batallón 15 de abril. Mostrar todas las entradas

PRESIDENTE NICOLÁS AVELLANEDA. SU VISITA A GUALEGUAYCHÚ

Autor: Hugo Daroca.
Publicado en: Diario "El Argentino" el día 6 de abril de 2014.

El 23 de Abril de 1875 visitó esta ciudad de Gualeguaychú el presidente de la Nación Argentina Dr. Don Nicolás Avellaneda.
Llegó al puerto de Gualeguaychú a bordo del vapor Yerba. Era acompañado por el Gobernador de la Provincia Dr. Leonidas Echagüe, el Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación Dr. Don Onésimo Leguizamón.
Le rindieron honores en el puerto dos compañías del 8 de línea, artillería, Regimiento Sarmiento y el batallón 15 de Abril. Mandaba la parada militar el Jefe de las fuerzas nacionales, situadas en esta ciudad, Teniente Coronel Donovan.
A las diez y treinta el Presidente de la Nación Argentina y su comitiva hicieron su entrada a la ciudad, bajo arcos triunfales que habían sido preparados en su honor y se dirigieron al Templo donde tuvo lugar el solemne Te Deum.
Después de la ceremonia religiosa se trasladaron al alojamiento que se había preparado a Su excelencia y comitiva en casa de la viuda del General Urquiza, doña Dolores Costa ubicada en la intersección de las calles 25 de Mayo y España, lugar que actualmente ocupa el Banco de Entre Ríos.
En ese mismo lugar se celebró, en su honor, un banquete. Se dijo que fue frugal, pero abundante. Cuando se sirvió el espumante champagne se pronunciaron numerosos brindis. En esta oportunidad hizo saber el Dr. Nicolás Avellaneda que el Gobierno Nacional aportaba una colaboración para las obras del templo de Cuarenta mil pesos. Este importe se suma a otros treinta mil pesos que había votado la legislatura provincial con igual destino. Importes que constituyeron una significativa colaboración para la construcción del magnifico monumento – hoy Catedral de Gualeguaychú- para el culto católico.
En las primeras horas de la tarde el Señor Presidente y el Ministro de Justicia e Instrucción Pública se reembarcaron de regreso. En cambio permaneció en la ciudad el Gobernador de la Provincia, quién a la noche fue obsequiado con un baile en los salones del Recreo Argentino.
Las crónicas de esos días comentaban que los enemigos del gobierno sostenían que el verdadero pueblo no había participado. Que los vivas que recibiera el presidente, como las flores y los arcos de triunfo habían sido improvisados por el gobierno. En cambio los que negaban estos comentarios, ponían de manifiesto que la repentina salida del Presidente a saludar algo indica. Daba a entender que el pueblo estaba presente y celebraba su presencia.
Cabe apuntar que el jefe del Batallón 15 de Abril, era desde 1871. el Capitán José María Méndez. Escribano co-fundador del Recreo Argentino, Este había recibido una nota con motivo de la formación para rendir honores al Presidente de la Nación en la que le comunicaban que en esa oportunidad el glorioso batallón debía estar a ordenes del Capitán Pérez, Comisario de Policía, quién era extraño para el batallón, pero pertenecía al gobierno. El Capitán don José María Méndez como celoso custodio del honor militar resolvió excusarse de concurrir. Cuando el presidente preguntó quién mandaba el batallón para otorgarle un ascenso. Se contestó al Presidente mendazmente que era Pérez.
Un suelto periodístico titulaba como: “Grandes Injusticias” la que se había cometido contra el Jefe del Batallón, quién siempre había estado en la causa del derecho. En las dos rebeliones de López Jordán lo encontraron defendiendo la patria y en el año 1873 en las trincheras del Uruguay en donde flameaba la bandera de la patria.

MANUEL CEPEDA

Historias de vida
Manuel Cepeda

Autor: Hugo Daroca.
Publicado en: Diario "El Argentino" el día 10 de junio de 2012.
https://dl-web.dropbox.com/get/ART%C3%8DCULOS/MANUEL%20CEPEDA.pdf?_subject_uid=271186190&w=AABzAx66XC1LaP8WJWtuLRUUSmcfr9lMBJtVAplr9HRxIg&dl=1
Combatiente en las batallas de Cepeda y Pavón. Integró el batallón 15 de Abril y como tal participó del Combate de la Isla Libertad” en la que resultó herido. Fue cofundador del Recreo Argentino.

El señor Manuel Cepeda nació en esta ciudad en 1842 en casa de don José Benítez, situada en la calle 24 de Enero (hoy 25 de Mayo), que más tarde pasó a ser propiedad del señor Ángel Ríos. (intendente de esta ciudad y presidente del Recreo). Fueron sus padres Bautista Cepeda y doña Carmen Palavecino, hija de Rosa Alarcón y del general don Manuel Palavecino; y sus padrinos de bautismo, don José Benítez y doña Rosario Echazarreta. De naturaleza robusta, mantuvo a través de los años su carácter alegre y festivo que constituyó siempre su manera de ser. Entre sus hijos hay algunos que se destacaron en el foro y en la magistratura. 

Contrajo matrimonio el 18 de abril de 1863 en la Catedral de Gualeguaychú con doña Anacleta Villagra, hija de Eduardo Villagra y de Tomasa León. Testimoniaron el acto el señor Eduardo Villagra y Rosa Alarcón. (esposa del general Palavecino).

Concurrió a la Escuela del Estado bajo la dirección de don Pedro Regalado Murúa hasta que este se incorporara al movimiento de Caseros. Fue su primera maestra la señora María Antonia Lagoste de Vera.

El matrimonio Cepeda Villagra formó una familia numerosa que se componía de trece hijos: Máximo Pablo, Faustino Abraham, Juan Bautista Policarpio, Camila Dorlisa, Enrique Evadio, Cornelia Anacleta, Justo Dióscoro, Lucía del Carmen, Manuel Jacinto, Eduardo Tomás, Ángela, Arsenio Filopiano y Damián. La llegada de los nietos aumentó considerablemente el grupo familiar que abarcó setenta miembros.

Participó en la batalla de Cepeda el 23 de octubre de 1859 cuando recién había cumplido 17 años, y también estuvo en Pavón el 17 de septiembre de 1861, siempre en el batallón de infantes cívicos de aquella época, destacado en esta ciudad.

Este tipo de formación que integró Manuel Cepeda –denominada “cuadro” en el campo de batalla– estaba constituida por un grupo de soldados de 35 metros de frente, colocados en tres filas. Con esa formación y disciplina se defendían muy bien de los ataques de la caballería, a pesar de que la recarga de los fusiles de chispa –que estaba a cargo de los de la tercera fila– era muy lenta. La caballería que atacaba a esos cuadros, aunque fuera muy numerosa –y generalmente lo era–, solo podía hacerlo con aproximadamente 17 caballos por cada frente del cuadrado. Así se exponía a recibir el fuego de fusiles de aproximadamente 80 soldados, que en el ejército del general Urquiza se distribuían en dos frentes.

Recordemos que estos hombres podían disparar a doscientos cincuenta metros, por eso al frente se colocaba a los más serenos, a los de mejor puntería. (a Cepeda le gustaba la caza). En las cuatros esquinas se ubicaban cañones en diagonal. En estos cuadros se desempeñaban muy bien los negros; los soldados de Urquiza tenían la orden de no matarlos en las persecuciones; sino de tomarlos prisioneros para incorporarlos a las filas de la infantería dado que era más difícil reclutar gente para este tipo de formación que para la caballería. Por eso en algunas ocasiones el General Urquiza impartía, ante la inminencia de la batalla, la orden de desmontar algunos escuadrones de caballería para luchar como infantes. 

Producido el asesinato del general Urquiza, Manuel Cepeda fue uno de los integrantes del Recreo Argentino que decididamente se alistó en el Batallón 15 de Abril, al que perteneció desde 1870. El batallón, a cargo del comandante don Reinaldo Villar, tenía como segundo jefe al mayor Leopoldo Espinosa; otro jefe era el sargento mayor don Francisco Leyría. Manuel Cepeda se graduó en él como Teniente 2º. Los despachos del ascenso fueron expedidos por el entonces presidente de la República don Domingo Faustino Sarmiento.

Cepeda se destacó dentro de los defensores de la Isla en el combate entre las fuerzas oficiales y las de López Jordán que tuvo lugar el 18 de noviembre de 1870. En este duro enfrentamiento –denominado “combate de la isla”– que comenzó en las calles de Gualeguaychú se enfrentaron el batallón 15 de Abril de esta ciudad, que pasó a integrar la guardia nacional, con las fuerzas jordanistas. La señora Ángela Salón de Casaretto, testigo presencial del hecho, contaba en su ancianidad haber visto que -en la mañana- una partida de las tropas de López Jordán, al mando del capitán Paulino Escobar, se tiroteaba con otra de la guardia nacional 15 de Abril en la calle Rocamora, en inmediaciones de su casaquinta. La señora de Casaretto y la madre del capitán Escobar pudieron presenciar el combate. Para eso subieron a la azotea y estando allí una bala fue a dar al parapeto de su casa, muy cerca de donde ella tenía apoyada la cabeza. 

Combatió don Manuel Cepeda al lado de las tropas oficiales compuestas de 300 hombres, incluido un piquete de caballería contra las fuerzas de Jordán, muy superiores en número, pues constaban de dos batallones y 1390 hombres de a caballo. Fue un reñido combate que duró todo el día. Cepeda resultó herido de bala en un brazo cuya cura le llevó mucho tiempo.

Tomó parte además en otros hechos de armas no menos importantes. Nieto del general Juan Antonio Palavecino, heredó de éste la espada que usaba el militar en los días de parada, la cual conservó el señor Cepeda en muy buen estado hasta sus últimos días.

De naturaleza robusta, mantuvo a través de los años su carácter alegre y festivo que constituyó siempre su manera de ser. Entre sus hijos hay algunos que se destacaron en el foro y en la magistratura.


La vivienda de los Cepeda estaba en la intersección de las calles Rivadavia y Magnasco (ángulo nor-oeste, en donde actualmente se encuentra la escuela Gervasio Méndez. Ocupaba toda la cuadra. Sobre la calle Colombo se hallaba la “cuadra” donde se guardaban los carruajes y caballos. (1)

Una de las diversiones favoritas del señor Cepeda constituyó la caza de aves y con ese fin realizó a menudo diversos paseos. Sintió, además, una especial predilección por la guitarra, en la que mostró ser un virtuoso ejecutante –además de intérprete de canciones– por lo que le ha merecido una justa fama.

Es muy conocida la fotografía –que se publicara en Cuadernos de Gualeguaychú con motivo de festejarse en 1924 de Manuel Cepeda, un año antes de su muerte y cuando ya tenía 82 años– un nuevo aniversario de la batalla del 18 de noviembre de 1871. En ella aparece ejecutando la guitarra en compañía de los otros tres sobrevivientes del famoso batallón: Inocencio Furques, Policarpo de la Cruz y Luciano González.

Con su inevitable temperamento alegre, vivió rodeado de los afectos de los suyos y de numerosos amistades consecuentes con la vieja lealtad de su pasado.

Fue uno de los fundadores del Recreo Argentino. Estuvo presente en el acto constitutivo que tuvo lugar el 1º de Mayo de 1860 y firmó el acta en el décimo cuarto lugar. Tenía en ese momento con 17 años. También estuvo presente en la segunda asamblea de la que existe constancia escrita, ya que se guarda el acta, celebrada el 8 de diciembre de 1861, en la qiue fue designado Tesorero de la Junta Directiva que iba a presidir don Pastor Britos.

El Gobierno, en el año 1867, lo nombra alcalde del segundo cuartel. Uno de los seis en que estaba dividida la ciudad . Falleció en Gualeguaychú el 4 de julio de 1925 a la edad de 83 años.

NOTAS
(1) Vista aérea de la casa de Manuel Cepeda, tomada por la Aviación Naval en su visita que hicieron a la ciudad en el año 1937, en la que se puede apreciar además la Municipalidad de Gualeguaychú y la Plaza Urquiza. Cedida gentilmente por el Sr. Humberto Brumatti.



--------------------------------------------------------------------------------------------------
ARTÍCULOS RELACIONADOS...
--------------------------------------------------------------------------------------------------

BAUTISMO DE FUEGO DEL BATALLÓN 15 DE ABRIL EN LAS CALLES DE GUALEGUAYCHÚ

Autor: Hugo Daroca.
Publicado en: Diario "El Argentino" el día 09 de enero de 2010.
En el libro “Pastores según el corazón de Dios Padre”, publicado por el sacerdote de nuestra localidad Mauricio Landra, figura entre la bibliografía citada un trabajo del presbítero Juan Carlos Borques (1) sobre la guerra en las calles de Gualeguaychú, hecho que despierta curiosidad.
El presbítero Borques relata lo ocurrido el martes 19 de julio de 1870, oportunidad en que tuvo su bautismo de fuego el glorioso batallón 15 de Abril, integrado por hijos de familias tradicionales de la ciudad. Antes de narrarlo, introduciremos al lector en lo que aconteció anteriormente.
El 11 de abril de 1870, se produce el asesinato del gobernador Urquiza. La legislatura designa el 14 de ese mes para completar el período en el cargo, al general Ricardo López Jordán, a quien muchos atribuían la muerte de Urquiza. Según Borques, tras este hecho “todo Entre Ríos ardió en una guerra civil muy enconada, cruel y continua durante muchos meses”.
Sarmiento (entonces presidente) responde rápidamente y valiéndose del pretexto de un posible conflicto con la República Oriental, envía a un ejército de observación - con una proclama para que fuera distribuida en nuestra ciudad - y órdenes de que las fuerzas permanecieran embarcadas frente a Gualeguaychú. Previamente había consultado con el general Bartolomé Mitre, que coincide con esta decisión, lo que significa para Sarmiento el apoyo del partido político que Mitre presidía.
El ejército, enviado al mando del general Emilio Mitre, está compuesto por 1400 hombres, divididos en tres cuerpos, y llama la atención por la calidad de los jefes que lo dirigen y por la excelencia del cuadro de oficiales que lo integran.
El 17 de abril, el general Ricardo López Jordán comisiona al comandante de la Guardia Nacional de Gualeguaychú, Reinaldo Villar, para que se presente en el vapor Pavón a fin de explicarle al general Emilio Mitre la situación de la Provincia y de manifestarle que las autoridades no desean hostilidades. La gestión fracasó. En las primeras horas del 19 de abril se sitúan en Gualeguaychú los vapores Pavón, Leopoldo y Espora y comienza el desembarco de las tropas.
Reinaldo Villar, que se caracterizaba por el odio a los porteños y, consecuentemente, por su exagerado localismo, había formado un batallón que denominó 15 de Abril -por la fecha de su creación-, el cual respondía al gobierno constitucional, integrado por las guardias nacionales. Luego de algunas vacilaciones, el comandante decidió apoyar a las fuerzas nacionales en su lucha contra los jordanistas.
Borques recuerda el bautismo de fuego del glorioso batallón(2) cuya bandera de guerra se conserva en el Instituto Magnasco: “... pero de pronto, a eso de las 8, un soldado con lanza terciada,"(3) de banderola colorada venía por la calle Rivadavia, a todo lo que daba la carrera del caballo y sofrenó a las puertas del cuartel o jefatura de la plaza Independencia (hoy San Martín) donde se hallaban dos oficiales a quienes se dirigió echando "ajos y cebollas"(4), hasta que les arrojó con fuerza la lanza terciada concluyendo en alta voz '¿estas son las armas que da el gobierno para defendernos?'. En el acto uno de los oficiales para reprimir sin duda al insurrecto soldado le disparó un tiro de revólver, y junto con la espantada del caballo cayó exánime, con los brazos abiertos y el otro oficial le ultimó con la punta de su espada”.(5)
Por los apuros y el sofocón, el soldado jinete, que podría ser de apellido Filapiano,(6) quedó tendido en la calle hasta el otro día, en que fue sepultado.
“Un rato después los tambores del batallón de la guardia nacional 15 de Abril rompieron al toque de generala, pues en esos momentos en el cuartel solo se encontraba la segunda compañía, estando franco el resto de la tropa que debía partir hacia Concordia”.
El toque de generala -seguramente por intermedio del trompa Vega y del tambor Burgos- que convoca a las fuerzas leales a la Nación y algunos movimientos de guerrilla en distintos puntos, logran el clima de ardor del que habla Borques: “Todo es carrera, fervor y confusión”.
Mientras tanto, desde el oeste, ingresaba un regimiento de caballería, como de 500 hombres armados del ejército del general López Jordán; entraban a la ciudad, divididos en dos columnas: una por la calle Urquiza y la otra por Rivadavia, se detuvieron al llegar a la plaza Independencia.
Los guardias nacionales que integraban el batallón 15 de Abril se portaron valerosamente, como si fueran veteranos y no reclutas recientemente incorporados: corrían a tomar sus armas y, consecuentemente, sus puestos de combate, aun a la vista de los soldados blancos de López Jordán. Según el padre Borques, “... cuando en el cuartel, o sea, la comandancia advierten que tenían enfrente al enemigo, el Mayor Francisco Leyría, más tarde general de la Nación, salió a la calle provocativamente, a la cabeza de una guerrilla haciendo disparos de fusil en dirección a la calle Gral. Urquiza, (ángulo sur-oeste, donde funcionara la confitería Apolo). Unos de los proyectiles cruzó a pocos centímetros sobre la cabeza del cura don Vicente Martines, quien en esos momentos hablaba con el coronel don José Fernández, desde a caballo, pues era uno de los jefes del asalto a esta ciudad, otra bala dio en tierra el caballo montado por el coronel don Juan Luis González, jefe de las fuerzas invasoras y la tropa al verle caer le creyó muerto y todos ellos se arremolinaron en completo desorden, pero aunque luego se reorganizaron no trataron de acometer a la plaz”.
El Comandante don Reinaldo Villar aprovecha esta indecisión y decide dirigirse al puerto, por considerarlo un punto estratégico más favorable para la defensa, y sale por el portón de los fondos y marcha hacia ese lugar al trote.
En las proximidades del puerto, en las calles que rodean a la Aduana, chocan avanzadas de los dos bandos, los nacionales y los de López Jordán. En lo más recio del tiroteo en la calle Del Valle, frente a la Aduana, cae herido el joven guardia nacional Olegario Aguilar. Don Manuel Magnasco pidió que se lo entrara a su barraca y lo acomodó lo mejor que pudo. Más tarde es llevado a su casa, donde no obstante ser atendido, falleció el mismo día 19 de Julio de 1870, luego de intenso sufrimiento.
Estos acontecimientos son descritos por el comandante Reinaldo Villar de la siguiente manera: “Ayer, a las diez de la mañana, nos atacaron las fuerzas de Juan Luis González en la misma plaza, habiéndolos sentido cuando desembarcaban por la iglesia; a pesar de tener licenciado la mayor parte del batallón hice frente con sesenta hombres, o menos quizás, y rechacé al enemigo, inmediatamente me puse en retirada para el puerto con esos pocos hombres, y encontré a los rebeldes posesionados de él, después de un tiroteo de un cuarto de hora, desalojaron la barranca y me embarqué en los tres vaporcitos que tiene Murature”.(7)
Después se ubicaron en unas islas cerca de Fray Bentos a la espera de los refuerzos.(8)
“Estas fueron las últimas intervenciones militares del viejo COMODORO MURATURE. Después llegó el justo y merecido descanso aunque pobre, enfermo, pero siempre respetado".(9)
Al otro día la ciudad amaneció tranquila, ya evacuada por los dos bandos, pero quedó expuesta al pillaje, por lo que los cónsules extranjeros se reunieron en comisión y organizaron rápidamente una policía urbana armada -que se distinguía por una divisa amarilla- y patrullas armadas recorrían las calles por la noche.

NOTAS
(1) "Un episodio de guerra en las calles de Gualeguaychú el 19 de Julio de 1870", Imprenta Gualeguaychú, 1912. Archivo particular del museólogo Sr. Aurelio Gómez Hernández.
(2) Ibid. p. 5.
(3) Vara larga de madera cuyo espesor se reducía a un tercio para poder tomarla firmemente. En un extremo se le colocaba un regatón cónico de metal de unos veinte centímetros, con punta, para darle mayor penetración. La caballeria entrerriana hacía sus entradas con la lanza terciada ligeramente inclinada, para que al impactar un cuerpo no se atorara en éste y para evitar que, con alzar el brazo, fuera retenida por el enemigo. Se buscaba tirar lanzadas a la cara, lo que aseguraba que el atacado se echara para atrás, por reflejo, y que cayera al suelo.
(4) Significa jurar, maldecir, despotricar.
(5) Borques. op. cit., p. 6.
(6) En la novela PaJo a Pique, de Eduardo J. Villagra (Buenos Aires, Talleres Gráficos de Aniceto, 1947, pp. 125 a 128), el autor señala que Filipiano había sido nombrado ayudante (asistente) del coronel Reinaldo Villar, por lo que podría suponerse que este era el apellido del soldado muerto.
(7) Americana, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1988, t. XX, p. 27.
(8) ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN - MUSEO HISTÓRICO NACIONAL, "Archivo de Martín de Gainza. José Murature a Martín de Gainza frente a Fray Bentos, 23, 27 y 30 de Julio de 1870, legajo 37. Trascripto en la nota Nº 25 de la autora citada precedentemente, p.27.
(9) MURATURE de BADARACCO, María del Carmen, "Coronel de Marina José Murature", Victoria, Talleres Gráficos Cruz del Sur, 1997.

HISTORIAS DE GUALEGUAYCHÚ

Este es un espacio para reflexionar acerca de la historia de la ciudad a través de su gente, sus instituciones y los hechos que en ella han...